Evidencias de una cueva en Bélgica revelan que los neandertales canibalizaban de forma selectiva a forasteros, enfocándose en mujeres y niños.
Los neandertales practicaron el canibalismo. No como excepción ni como leyenda — hay evidencias arqueológicas en al menos una docena de yacimientos europeos que lo confirman. Un estudio publicado en 2025 en Scientific Reports analiza los restos de seis neandertales hallados en la cueva de Goyet, Bélgica, y revela algo que va más allá del canibalismo por hambre o ritual: una selección deliberada de víctimas forasteras, en su mayoría mujeres y crías, que apunta a violencia intergrupal organizada hace entre 41.000 y 45.000 años.
Las evidencias sobre canibalismo entre los neandertales y otras especies prehistóricas, los sapiens incluídos, fue creciendo no sólo en cantidad, sino en calidad. Es un tema que ha pasado de ser una hipótesis controvertida a una realidad respaldada desde diferentes disciplinas, incluyendo el análisis de los huesos, la bioarqueología y también desde la paleogenética. Lejos de ser un comportamiento “animal”, se entiende hoy como una práctica compleja con diversas motivaciones.
Volviendo al caso de Goyet, en Bélgica, se trata del estudio de los restos fósiles de al menos seis neandertales. Sus huesos, mayoritariamente fragmentados, llevan grabadas las marcas que apuntan claramente a que fueron tratados como presas. Lo más sorprendente es que cuatro de ellos eran mujeres adultas o adolescentes, y los otros dos un niño de entre 6 y 12 años y un recién nacido.
La cueva de Goyet ya era conocida desde 2016 como el mayor yacimiento de restos neandertales del norte de Europa con evidencias claras de canibalismo. Pero el nuevo estudio, de Quentin Cosnefroy y colegas, va más lejos. Por primera vez, los investigadores pudieron trazar un perfil biológico detallado de las víctimas, y lo que encontraron resultó inquietante.
Canibalismo intergrupal: por qué las víctimas no eran del grupo
Además, los análisis de isótopos de azufre demostraron que no eran locales; procedían de otras áreas, a pesar de que sus huesos no mostraban las marcas típicas de poblaciones con alta movilidad. Sus valores de isótopos de carbono y nitrógeno también son homogéneos entre sí, lo que apunta a que tenían una dieta similar, en vida, y posiblemente un mismo grupo de procedencia.
Los 101 fragmentos esqueléticos identificados son en su mayoría de huesos largos, fémures y tibias, las partes más ricas en carne y médula, de individuos adultos o adolescentes. Casi un tercio de esos restos presenta lo que se conoce como modificaciones antrópicas: marcas de corte para descarnar y desarticular, fracturas en hueso fresco, no viejas, y muescas de percusión para acceder a la médula.
Para este nuevo estudio, los investigadores combinaron análisis palaeogenéticos, isotópicos, morfométricos y estructurales de los huesos largos. A través de la secuenciación del ADN nuclear de siete especímenes, lograron determinar el sexo genético de los individuos y, lo que es más importante, asociar distintos fragmentos entre sí para reconstruir individuos completos.
Todo lo anterior apunta a que la selectividad en Goyet no puede ser accidental. Es una forma de canibalismo muy específica, conocida como exocanibalismo. Es decir, el consumo de individuos pertenecientes a un grupo externo.
Las víctimas comparten origen geográfico no local, no tienen relaciones de parentesco cercanas entre sí, confirmado por el análisis genético, pero comparten dieta y posiblemente pertenecen a una misma región de origen. No son parientes, pero vienen del mismo lugar.
Pero, el tratamiento de sus restos es idéntico al de la fauna que se encontraba en la cueva: caballos y renos. Los huesos de los neandertales tienen marcas de desollado, desarticulación, extracción de médula y reutilización como herramientas.
No hay indicios de ningún tratamiento ritual diferencial, a diferencia de otros casos de canibalismo funerario documentados en el Paleolítico Superior europeo. Los investigadores proponen que esta selección deliberada de mujeres adultas gráciles y de baja estatura, junto con individuos inmaduros, podría responder a varias lógicas no excluyentes.
Depredación oportunista de individuos más vulnerables, los más fáciles de capturar dentro de un grupo rival. Estrategia para debilitar el potencial reproductivo de un grupo competidor, hipótesis ya planteada para el canibalismo en Gran Dolina (Atapuerca). Violencia intergrupal en un contexto de presión territorial, fenómeno bien documentado etnográficamente, entre cazadores-recolectores históricos, en contextos de exocanibalismo asociado a la guerra.
Canibalismo neandertal al final de su era: contexto y significado
El contexto en el que se dió este caso de canibalismo es justo hacia el fin de la era neandertal. Los restos fueron datados entre 41 mil y 45 mil años de antigüedad, es decir, muy cerca de la fecha en que se cree que los neandertales comenzaron a desaparecer.
Es el período de la transición del Paleolítico Medio al Superior, cuando los neandertales atravesaban un declive biológico y los Homo sapiens comenzaban a llegar a Europa. Si bien no se ha documentado la presencia de Homo sapiens en la región belga en esa época exacta, sí están presentes en Ranis, Alemania, hace aproximadamente 45 mil años, a unos 600 km al este.
Además, el territorio belga en torno al eje de los ríos Sambre-Mosa aparece como un corredor fluctuante entre tradiciones de herramientas de piedra del Musteriense occidental y las industrias del “grupo Keilmesser“ de Europa central y oriental.
Estos últimos representados por el yacimiento de Feldhofer, a unos 100 km al este de Goyet. Estas diferencias culturales pueden indicar grupos neandertales con identidades distintas, potencialmente en tensión.
¿Fueron los predadores de Goyet otros neandertales? ¿O quizás Homo sapiens del tecnocomplejo LRJ, del que la cueva conserva tenues evidencias?
Los autores consideran más probable la hipótesis de un conflicto entre grupos neandertales. A diferencia del canibalismo de El Sidrón, que incluye machos adultos y presenta un patrón demográfico más natural, interpretado como endocanibalismo posiblemente funerario, Goyet muestra una selección activa de víctimas que no puede explicarse por necesidades de subsistencia, ni por causas naturales.
El canibalismo de Goyet no es un caso aislado en la prehistoria. En conjunto, las investigaciones recientes indican que el canibalismo prehistórico no fue nunca una práctica uniforme.
Lejos de ser un comportamiento “animal”, se entiende hoy como una práctica compleja con diversas motivaciones. Fue nutritivo, ritual, funerario, social y bélico, y sus significados varían según el grupo, el contexto y el momento histórico. El caso de Goyet, con su selección de mujeres forasteras y crías, añade un capítulo diferente a esa historia.
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