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¿Qué pasó con la megafauna sudamericana?


Durante miles de años, Sudamérica fue el hogar de animales gigantescos. ¿Qué pudo pasar para que desaparecieran? ¿Por qué los primeros en irse fueron los más grandes?




(Nota publicada originalmente en Muy Interesante España. Marzo 2021. Nº 478.)

Durante millones de años las llanuras sudamericanas fueron el hogar de decenas de animales tan enormes que se ganaron el nombre de Megafauna. Pero desaparecieron hace unos 10 mil años, generando uno de los misterios paleontológicos más prolongados de la historia de la ciencia. Esto es así porque no se trató de una extinción masiva, como la que se llevó a los dinosaurios, sino que sólo se llevó a los gigantes.

Es que, para poder desentrañar este enigma tenemos que mover continentes, literalmente. Porque la primera pista la podemos encontrar en los tiempos en que Sudamérica dejó de estar aislada del resto del mundo, y fue unida a Norteamérica por ese brazo que forma el istmo de Panamá. Con esa unión se generó un intercambio de fauna y flora tan descomunal, que fue llamado el Gran Intercambio Biótico Interamericano, pero al parecer, no fue tanto un intercambio, sino más bien una invasión del sur por los norteños.

El Aislamiento Espléndido

Todo tiene un comienzo, y el de nuestra historia se inicia con una separación. Es que Sudamérica se convirtió en una isla gigantesca cuando las aguas oceánicas dejaron sumergido al istmo de Panamá. Esto ocurrió en un momento clave de la historia de la vida sobre la tierra, hace unos 65 millones de años.

Período trágico marcado por una de las extinciones masivas más importantes que ha sufrido nuestro planeta, durante la cual terminó el reinado de los dinosaurios. El culpable fue un cometa que se estrelló en América Central, dejando un cráter de unos 200 kilómetros de largo en Yukatán, México. Este choque desencadenó abruptos cambios climáticos que durarían siglos, y terminarían dejando fuera de juego al 75% de las especies que habitaban el planeta.

La Tierra ha experimentado cinco de estas extinciones masivas, y lo que siempre ocurre en la fase de recuperación, es que las especies que sobreviven ocupan los roles ecológicos de las que desaparecieron. A la vez genera una gran variedad de especies nuevas. Cuando los grandes reptiles desaparecieron, quienes tomaron sus espacios fueron los mamíferos.

En América del Sur, esta toma de poder ocurrió de una forma muy particular, por haber permanecido separada del resto del mundo en lo que los expertos han llamado un “aislamiento espléndido”. El mote no es casual, se debe a que a lo largo de miles y millones de años, la evolución fue moldeando animales exclusivos de Sudamérica, mamíferos que no existieron en ningún otro punto del planeta, marsupiales incluidos. Una historia curiosa, con un final triste, signado por una poda selectiva que terminaría hace unos 10 mil años.

Sudamericanos exclusivos

Durante esos poco más de 60 millones de años que América del Sur se mantuvo en el “aislamiento espléndido”, evolucionó un ecosistema rico en animales que podríamos llamar raros, y esto es justamente porque sólo se los vio en esta descomunal isla. Por un lado tenemos a los marsupiales, de los que hoy sobrevive sólo la comadreja, y por el otro llamados edentados, extraños mamíferos originarios de Sudamérica, que hoy sólo quedaron representados por los armadillos, los osos hormigueros y los perezosos.

Los marsupiales son famosos por aquellos originarios de Australia, como los canguros o los adorables koalas. Se trata de mamíferos, pero con la diferencia de que las crías, tras el nacimiento, terminan su desarrollo fuera del vientre materno, en una bolsa o marsupio.

La evolución desarrollada por los marsupiales en Sudamérica es tan o más sorprendente que la que ocurrió en la también aislada Australia. En América fueron muy diversos, con especies que iban desde unos pequeños similares a las ratas canguro, hasta unos enormes y poderosos depredadores como los boriénidos y tilacosmilos, que tenían un tamaño similar al de un león actual, y unos colmillos tan largos como los del tigre dientes de sable que llegaría de América del Norte muchos millones de años después.

Entre los llamados edentados, o más precisamente xenartros, evolucionaron tres grupos de mamíferos bastante diferentes entre sí. Se trata de los osos hormigueros, con largos hocicos adaptados para alimentarse de insectos; los armadillos, provistos de una armadura flexible en el lomo; y los perezosos arborícolas. Los tres grupos fueron muy variados a lo largo de sus 60 millones de historia evolutiva, incluyendo muchas variedades gigantescas, representativas de la llamada megafauna sudamericana.

Entre los parientes extinguidos de los actuales armadillos, que no suelen superar 75 centímetros de largo, podíamos encontrar a los gliptodontes, que solían alcanzar los cuatro metros de largo, y más de metro y medio de altura. Estos descomunales herbívoros se protegían de sus depredadores con sólidas armaduras y alcanzaban hasta dos toneladas de peso. Se cree que acostumbraban pastar en manadas en las planicies sudamericanas.

Otros de los gigantes eran los parientes de los actuales perezosos, como el megaterio o el milodonte, de enormes manos y garras, y que llegaban a los siete metros de largo, y dos de altura, con un peso de tres toneladas. Como si fuese poco, podían llegar a pararse sobre sus dos patas traseras, por lo que la altura pasaba de dos a siete metros en solo un instante.

Pero, si se preocupan como posibles turistas del viaje en el tiempo, sus fuertes garras las usaban principalmente para excavar en busca de alimentos, y eran animales lentos, ya que sus enormes patas y manos no apoyaban bien en el suelo, debido a las largas garras.

El Gran Intercambio Biótico Americano

Pero el aislamiento espléndido llegó a su fin cuando se completó un proceso geológico que comenzó en el borde norte de Sudamérica, hace unos 20 a 15 millones de años. El puntapié inicial fue un movimiento de placas tectónicas que derivaría en la creación de un arco volcánico en la región de lo que hoy es Panamá. Los volcanes se hicieron islas, surgieron puentes terrestres entre ellas, pero recién con el crecimiento del gran volcán del Valle se separarían los océanos Atlántico y Pacífico una vez más.

“El istmo de Panamá se convirtió en un puente terrestre, de no más de 60 km, que conecto dos continentes y facilitó que animales y plantas que antes estaban separados se pudieran mover de un continente a otro, eso es lo que se conoce como el Gran Intercambio Biótico Americano”, explicó a Muy Interesante el biólogo Juan Carrillo, del Museo de Historia Natural de París.

“Fue un proceso que ocurrió durante un largo período de tiempo, con diferentes pulsos de migraciones. Esto sugiere que las migraciones no se deben solo a la existencia de una conexión terrestre entre los continentes, sino que cambios ambientales y climáticos también tuvieron una influencia”.

“Este intercambio ha sido catalogado como un gran experimento natural. En el registro fósil observamos que el intercambio fue balanceado al principio, pero el resultado final es asimétrico, en Suramérica hay una gran proporción de animales que llegaron del norte, mientras que en Norteamérica son relativamente pocos los animales que llegaron del sur. Nosotros queríamos entender mejor cómo se produjo esta asimetría y encontramos que fue el resultado de una mayor proporción de extinciones de mamíferos suramericanos”, explicó Carrillo, que junto a colegas de diversas partes del mundo, publicaron un estudio sobre el tema en la revista científica PNAS.

“En el estudio identificamos que la relativa alta extinción de mamíferos suramericanos ocurrió en un período de tiempo llamado el Plioceno, entre 5.3 y 2.6 millones de años atrás”, aclaró Carrillo. “En el continente, la mayor cantidad de fósiles durante este periodo de tiempo provienen del sur, especialmente la región de la Pampa en Argentina, así que probablemente esta alta extinción ocurrió en esta zona. Aún no sabemos exactamente cuál fue la causa de las extinciones, pero posiblemente pudo deberse a varios factores”.

El inicio del fin

No es algo sencillo darnos cuenta cómo y por qué desaparecieron los gigantes sudamericanos. Por ejemplo, la famosa extinción que hace 65 millones de años que se llevó a los dinosaurios es menos complicada. ¿Por qué? Porque no sólo se extinguieron los dinosaurios, sino miles de especies animales de tierra, agua y aire, y en todos los continentes, con diferentes climas. Con la megafauna ocurrió algo extraño, sólo los animales gigantes, desaparecieron. Unas setenta especies se fueron dejando sus fósiles detrás.

“Es un periodo de tiempo donde el clima global se estaba haciendo más frío y en el sur de Suramérica se habían expandido los pastizales, así que fue un tiempo de cambios ambientales importantes”, explicó Carrillo. “Los animales que llegaban de Norteamérica pudieron tener un rol importante, también. Llegaron nuevos predadores, que posiblemente eran más eficientes y especializados. También es posible que los inmigrantes hayan traído nuevos parásitos y enfermedades, para los cuales los sureños no tenían protección. A lo que debemos sumarle un impacto de meteorito en la región durante ese tiempo, que pudo haber influido”.

Todos esos cambios dieron inicio a un desequilibrio en los ecosistemas de Sudamérica. Para comprender por qué y cómo ese desequilibrio llevó a la desaparición de especies tan grandes, hay que entender primero qué es un ecosistema. Se trata de un sistema ecológico complejo, en el que ningún ser vivo está aislado, sino que existe una interacción vital entre los organismos que lo componen, como plantas, animales, hongos, bacterias e insectos.


Es lo que también se conoce como biodiversidad, cómo la evolución adapta a los seres vivos para ocupar y aprovechar cada aspecto de la parte inorgánica del ecosistema, que sería el paisaje, con sus rocas, ríos, tierra, acompañados del clima. Un pequeño cambio en cualquiera de los componentes de estos sistemas los lleva al desequilibrio.

Durante el Plioceno, período que va de unos 5,3 a unos 2,6 millones de años atrás, en Sudamérica la biodiversidad se vio reducida en un 52% como se evidencia en el estudio de Carrillo y colegas. Lo que demuestra que volver a encontrar un balance frente a los cambios en los ecosistemas implica que algunos o muchos seres vivos quedarán en el camino al no poder adaptarse.

Primer sospechoso: Meteorito

Hace unos 3,3 millones de años, al mismo tiempo que el clima mundial estaba variando producto de la unión de las América y el cambio en las corrientes oceánicas, también estaba comenzando el Gran Intercambio Biótico Americano. Pero como si fuese poco, el impacto de un meteorito se unió a la fiesta de despedida de la megafauna.

Se cree que se estrelló en lo que hoy es la costa marítima de la provincia de Buenos Aires, Argentina. Los expertos estiman que dejó un cráter de unos 20 kilómetros de diámetro, y generó cambios profundos en el clima y el bioma de la región, las grandes planicies de la Pampa argentina, que es la zona en la que más se vio afectada esa reducción en la biodiversidad de la que hablábamos antes.

“Desde 1995 hemos estudiado distintos aspectos del tema de los impactos en la región pampeana a través de múltiples evidencias”, contó Marcelo Zárate, geólogo de la Universidad de La Pampa, Argentina, y uno de los descubridores y principales investigadores de este impacto. Lo que los científicos estudian es lo que quedó, que son los restos de las increíbles temperaturas que se generaron en el momento del choque contra la tierra.

Los geólogos le llaman impactitas al material sedimentario parcialmente fundido, casi como si fuese vidrio, que queda tras el impacto. “Aún no se ha encontrado el supuesto cráter. Esto sería fundamental para estimar el tamaño del meteorito. Una estimación general sobre la base del tamaño de las impactitas, o escorias, sugiere que podría haber tenido unos 150 a 200 m de diámetro”, contó Zárate.

“Las consecuencias deben haber sido de escala regional, no global”, explicó el geólogo argentino. “Es uno de los temas que seguimos investigando. La información disponible nos permite plantear la coincidencia entre el evento de 3,3 millones de años y la extinción de numerosos taxones típicos de la fauna sudamericana que poblaba la región”.

“Actualmente estamos analizando los sedimentos recuperados de dos perforaciones efectuadas en el lugar, en 2019”, continuó el experto. “El objetivo es inferir las condiciones climáticas antes y después del evento comparando los registros de sedimentos previos a los 3,3 Ma con aquellos que son posteriores a través de distintos indicadores geoquímicos y mineralógicos”.
El golpe de gracia

Todos estos eventos que enumeramos se fueron concatenando para llevar a decenas de especies autóctonas de la megafauna de América del Sur a la extinción, y dejar a las supervivientes en un estado crítico. Esta situación duró millones de años, durante la cual la fauna norteamericana fue penetrando en casi todos los ecosistemas del sur, incluso migrando algunos gigantes, como los mastodontes, parientes de los mamuts, o los tigres dientes de sable.

Los depredadores llegados del norte, carnívoros como los zorros, felinos y osos, disponían de dientes más especializados e incluso cerebros más grandes, lo que también puso una presión sobre los gigantes nativos del sur, volviéndolos más susceptibles a la depredación. Por esos tiempos los cazadores marsupiales de grandes dientes ya habían desaparecido.

“El filtro del tiempo suele darnos la perspectiva de que los llamados eventos de extinción ocurren de manera virtualmente instantánea. Pero se trata de procesos complejos, producto de una conjunción de diversos factores, que implican miles de años”, explicó a Muy el paleontólogo Sergio Vizcaíno, experto en megafauna sudamericana del Museo de La Plata, Argentina.

“La megafauna podrían sobrevivir a los cambios climáticos que se dieron a fines del pleistoceno, pero seguramente a costo de una declinación de las poblaciones. Aquí hay que considerar cuestiones propias de la biología de los linajes”, aclaró Vizcaíno.

“Los xenartros, que dominaban la megafauna, eran animales con pocas camadas al año, y pocas crías en cada una de ellas. Seguramente longevos, con maduración sexual tardía y baja densidad poblacional. Ante este escenario, la matanza de crías, mucho más factibles de atacar que los adultos, tendría un alto impacto en el reemplazo generacional”.

Los pocos gigantes que habían sobrevivido al filtro de principio del período, hace unos 3 a 2 millones de años, tuvieron que enfrentarse a otra batería de cambios climáticos que los dejaron en un desequilibrio ecológico. Tal vez los primeros en desaparecer fueron los más grandes, los que tenían menos posibilidad de adaptarse.

Pero un mastodonte, por ejemplo, era vital para la biodiversidad que lo rodeaba. Seguro comían corteza como los elefantes africanos, diseminaban semillas y producían mucho estiércol que es un abono natural que ayuda al crecimiento de los pastos. Con que sólo ellos desapareciesen, crearían un efecto dominó que se llevaría a algunas plantas, esas plantas eran alimento de los gliptodonte, o de los megaterios, que a su vez tenían también importancia para otros aspectos del ecosistema.

Pero el golpe de gracia para estos gigantes fue un cambio enorme que se generó en los ecosistemas sudamericanos por esos tiempos, que fue la aparición de un nuevo animal que tenía la capacidad de modificar el medio ambiente en el que vivía: los humanos. El Homo sapiens evolucionó hace unos trescientos mil años en África, y de allí se expandió por el mundo, pero al continente americano se cree que llegó recién hace unos treinta a veinte mil años atrás.

No es que el ser humano haya sido el causante directo, no los cazaron hasta extinguirlos, pero sí afectaron el ecosistema al grado de no permitir la recuperación. La megafauna se había recuperado de todos los grandes cambios de los últimos 3 millones de años, pero el hombre generó una ola de la cual no pudieron escapar, dándoles el golpe de gracia.

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