La cueva de Altamira, ubicada en Santillana del Mar, Cantabria, España, es el sitio de arte rupestre paleolítico más importante del mundo. Sus pinturas, que datan de entre 36.000 y 12.000 años atrás, la convierten en la evidencia más antigua y completa de arte prehistórico en Europa, razón por la cual fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985. Fue descubierta en 1879 por Marcelino Sanz de Sautuola y su hija María, y su aceptación científica tardó más de dos décadas en llegar, en medio de una polémica que marcó los inicios de la prehistoria como disciplina.
La cueva de Altamira es un referente del arte paleolítico mundial. Fue la primera evidencia de arte prehistórico en conocerse, y al haber sido habitada durante unos 25 mil años, cubre casi todos los estilos de pintura rupestre, razón por la cual es reconocida como la “enciclopedia del arte paleolítico”. No deja a nadie indiferente, ni siquiera en el pasado, ya que su descubrimiento generó una polémica que duraría décadas.
Publicado originalmente en Muy Interesante España, Edición coleccionista nº 12 Paleoarte. Enero 2022.
Una estrecha grieta sobre la ladera de una pequeña colina, a 120 metros por sobre el valle del río Saja. Eso es lo que vio el aparcero Modesto Cubillas en 1868 cuando seguía a su perro durante una tarde de cacería. Esa grieta llevaba a la cueva que después se llamaría Altamira, ubicada en Santillana del Mar, Cantabria.
Sellada del exterior durante quién sabe cuánto tiempo, se cree que fueron las detonaciones de una cantera cercana lo que abrió la grieta por la cual se introdujo el perro de Cubillas. El aparcero no llegó a ver las pinturas, pero le comunicó el descubrimiento al dueño de esas tierras, Marcelino Sanz de Sautuola, aficionado a recorrer las cuevas de la región en busca de restos paleontológicos y prehistóricos.
Recién en 1879 fue Sautuola con ánimo de explorar la cueva, acompañado de su hija María, de 8 años. Mientras el padre estaba entretenido con herramientas líticas descubiertas en el suelo de la primera sala de los 270 metros de extensión que tiene la cueva, la niña le dijo “hay bueyes pintados en el techo”.
Se trataba de la hoy llamada “Capilla Sixtina del arte rupestre”, una obra de arte magnífica, y por la cual Altamira es tan famosa. Era la gran sala, de unos 18 metros de largo, y unos 9 de ancho. Pero la clave está en la altura, que varía entre 1,90 y 1,10 metros. Fue por ello que sólo a una niña pequeña podía mirar para arriba y ver una manada de bisontes prehistóricos rojos y negros: machos, hembras, crías, en las más variadas posturas y actitudes.
¿Qué hay dentro de la cueva de Altamira? Las pinturas y su antigüedad
Altamira es hoy un referente mundial del arte paleolítico. Es una especie de enciclopedia del arte rupestre, ya que en las paredes y techos de sus salas se pueden ver manifestaciones de arte realizadas a lo largo de 25 mil años, que cubren todos los estilos, técnicas y temas conocidos del arte paleolítico. Razón por la cual en 1985 fue declarada Patrimonio de la Humanidad, por la UNESCO.
A lo largo de las paredes y techos de la cueva, se pueden ver grabados y pinturas, a veces separados, a veces formando parte de la misma obra. Los artistas se han valido de todos los recursos, a veces aprovechando viejos dibujos o grabados, otras acompañándolos, incluso usando protuberancias de la roca para dar volumen o señalar los ojos.
Pero Altamira también destaca por haber sido la primera. Las pinturas cubren un período que va de entre unos 36 mil a unos 12 mil años atrás, pero no es que hayan sido las primeras en realizarse en la prehistoria, sino las primeras evidencias conocidas de que el hombre prehistórico tenía la capacidad para crear arte.
Se trata de un detalle importante, ya que para la época en que fueron dadas a conocer, la prehistoria apenas estaba iniciándose como ciencia. Pensemos que fueron descubiertas en 1878, el mundo científico recién empezaba a digerir el hecho de que existió un hombre prehistórico, que se creía salvaje, bruto y simiesco, como había dado a conocer Charles Darwin en sus libros El origen de las especies de 1859, y El origen del hombre de 1871.
Cuando Marcelino Sanz de Sautuola le contó a los expertos en prehistoria que había descubierto que los cavernícolas producían arte, y no sólo eso, sino que era hermoso, resultó algo indigerible para la gran mayoría. No podían aceptar que esos brutos prehistóricos pudieran crear arte, por lo que prefirieron ignorar a Altamira durante décadas e incluso acusar a su descubridor de falsificador.
La polémica del descubrimiento: cuando nadie creyó en las pinturas de Altamira
Las primeras descripciones de las pinturas fueron publicadas por Sautuola en sus Breves apuntes en 1880. Estaba convencido de que eran de la Edad de Piedra no sólo por los animales extinguidos que veía representados, sino por los restos de tallas y herramientas óseas y líticas que había descubierto allí mismo.
Pero, por aquellos tiempos, la prehistoria estaba lejos de las universidades, no había sido reconocida académicamente, y eran muchos los que, incluso, consideraban extravagante la afición de ir buscando y catalogando restos óseos y líticos asignados a la prehistoria. La religión todavía tenía un peso muy fuerte, y más en la España de Sautuola. Por lo que la antigüedad del hombre no se creía que fuese más allá de algunos miles de años, como se desprendía de la Biblia.
Tanto desde la biología, como de la geología, todavía se peleaba una dura batalla contra el conservadurismo cristiano en las universidades. No se admitía la puesta en duda de la veracidad literal de la Biblia, e incluso algunos iban más lejos, al afirmar que los prehistoriadores no eran más que embaucadores que buscaban atacar los cimientos de la religión cristiana. Fue en ese marco que Sautuola dio a conocer las pinturas de Altamira.
Sautuola era un abogado aficionado al estudio de fósiles y restos antiguos que encontraba en la gran cantidad de cuevas que existían en el norte de España. Si bien su formación era conservadora, y católica, creía en el avance de la ciencia. Por eso se sorprendió cuando la inmensa mayoría de eruditos de la época rechazaron que las pinturas de Altamira fuesen antiguas, e incluso que algunos hasta lo acusasen de falsificarlas.
Sautuola publicó un libro con sus descubrimientos, y mandó a hacer réplicas de las obras de arte de la cueva. Pero fue Juan Vilanova y Piera, catedrático de paleontología de la Universidad Central, quién las presentó en congresos y reuniones de prehistoriadores, pero la condena y el rechazo fueron demoledores. Nadie los apoyó.
Lo que representaban las pinturas de Altamira era algo que rompía todos los esquemas. No sólo los cristianos, sino también los que a los prehistoriadores les había costado tanto establecer en los pocos años que llevaba de vida la disciplina.
Las hermosas pinturas de Altamira no encajaban en los parámetros científicos de la época, resultaban inadmisibles, ya que apenas se conocían algunas herramientas de piedra y hueso. Pero aceptar que el llamado “hombre antediluviano” podía generar arte, una de las formas de comunicación humanas más altas… resultó incompatible con el concepto de hombre primitivo que tenían los eruditos.
Cómo el arte rupestre de Altamira fue finalmente aceptado por la ciencia
A pesar de que Vilanova y Piera era un hombre conservador y católico, y que la novedad del descubrimiento de Altamira aconsejaba cautela, no tuvo dudas de su antigüedad cuando visitó la cueva. Así fue que se convirtió en su más ferviente defensor, si bien no llegaría a ver en vida el reconocimiento final de Altamira.
Fue durante un importante congreso sobre prehistoria celebrado en 1880 en Lisboa, Portugal, donde Vilanova y Piera dio a conocer a la comunidad científica las increíbles pinturas de Altamira. Pero los oyentes no sólo no le creyeron, sino que se negaron a ir a verlas, e incluso algunos famosos abandonaron la conferencia, para ponerlo en ridículo. Nadie creyó o pudo aceptar que el hombre prehistórico fuese capaz de tanta belleza como veían en las reproducciones.
Los enemigos más acérrimos de Altamira fueron los prehistoriadores franceses, principalmente Émile Cartaihac y Gabriel de Mortillet. Durante décadas rechazaron la antigüedad de Altamira, sin siquiera haber ido a visitarla, y la mayoría de los eruditos se plegaron a ellos. Llegaron a surgir acusaciones de falsificación, relacionadas a la visita del pintor Paul Ratier en la cueva, que sólo pasó a papel el arte rupestre de la cueva.
Curioso fue que en otro de los congresos en los que Vilanova y Piera intentó lograr la aceptación para Altamira, le fue nuevamente rechazada, pero uno de los principales detractores, de Mortillet, presentó una ponencia sobre la Atlántida y sus habitantes.
Recién para 1894 el viento de cambio comenzó a soplar, de la mano de nuevos descubrimientos. Esta vez fue en Francia donde se encontraron figuras en diversas grutas como los mamuts de Chabot, o las de 1897 en Marsuolas, parecidas a las de Altamira. Lástima que llegaba tarde para Sautuola y Vilanova y Piera, que ya habían fallecido.
Igualmente, no fue hasta 1902 que Altamira fue aceptada en el club de esas cuevas francesas, al ya resultar una más entre muchas. Fue su principal detractor, Émile Cartaihac, quien reconoció su error en un famoso artículo titulado, justamente, Mea culpa de un escéptico. Incluso llegó a escribir una serie de libros sobre Altamira, luego de visitarla.
Por qué la cueva de Altamira es Patrimonio de la Humanidad
Los estudios que siguieron a su aceptación oficial dentro del mundo académico, llevaron a descubrir la excepcionalidad de Altamira incluso dentro de la gran cantidad de muestras de arte rupestre que fueron dándose a conocer a lo largo de las décadas.
“Altamira es un referente del arte paleolítico mundial, representa una enciclopedia del arte paleolítico. Porque en su interior se conservan figuras realizadas al menos durante 25.000 años, es decir, gracias a Altamira es posible reconocer una gran parte de los estilos, de las técnicas, de los temas del arte paleolítico”, contó a Muy Interesante Marcos García Diez, prehistoriador de la Universidad Complutense de Madrid y experto en arte paleolítico.
“Altamira es una cueva que no deja indiferente a nadie por su calidad estética y la alta capacidad de transmisión de sus obras”, opinó también para Muy Interesante Diego Garate, especialista en arte rupestre de la Universidad de Cantabria. “Es más, la cavidad alberga centenares de representaciones animales por lo que es una de las más complejas entre el medio millar de cuevas conocidas en la actualidad”.
25.000 años de arte paleolítico: las fases de Altamira
“Las imágenes más antiguas en Altamira tienen en torno a 36.000 años, y corresponden a unos signos que llamamos claviformes”, explicó Marcos García Diez. “No sabemos de qué se trata, son una especie de triángulos con apéndice acusado. Y además es posible que incluso haya cosas más antiguas, es una intuición, no es algo demostrado”.
La cueva de Altamira fue habitada de forma más o menos continua hasta hace unos 12 mil años, lo que le otorga un rango de unos 25 mil años de ocupación, durante la cual los artistas han dejado una gran variedad de estilos plasmados en sus paredes y techos.
“Aunque la imagen de los bisontes nos eclipsa, que fueron realizados entre 14.000 y 12.500 años atrás”, explicó García Diez, “sabemos que hay mucha ‘Altamira intermedia’. Hay momentos, posiblemente entre hace 30.000 y 22.000 años, que pintaban animales en rojo. Y sabemos que luego hay más de una fase de grabados, donde destacan los cérvidos”.
“La Altamira de ahora, la que conocemos, es la suma de muchos momentos de ejecución de figuras”, aclaró el prehistoriador. “Y en cada momento se aprovecharon imágenes anteriores en una especie de suma continua de imágenes. No se obviaba lo anterior, sino que se iban añadiendo nuevos motivos para hacer un todo nuevo. La Altamira de cada momento es la Altamira de lo nuevo que se iba haciendo a lo que se añadía lo anteriormente realizado”.
¿Quiénes pintaron en Altamira y por qué?
“La cueva de Altamira presenta varias fases de decoración a los largo de miles de años en lo que denominamos el Paleolítico Superior”, agregó Diego Garate. “En al menos cuatro o cinco momentos distintos, grupos humanos que habitaron o visitaron la cavidad, dejaron sus improntas en las paredes. Los famosos bisontes polícromos no dejan de ser otra de esas etapas en las que se decoró la cavidad”.
Y continuó Garate: “En todo caso, eran Homo sapiens iguales a nosotros. Organizados en grupos más o menos pequeños pero bien relacionados con sus vecinos y demás habitantes en un área muy amplia. Aunque con una tecnología más reducida, compartían gran parte de las preocupaciones que han ocupado a los seres humanos a lo largo de los años. Es decir, no se diferenciaban mucho de nosotros mismos”.
“El significado del arte paleolítico sigue siendo una gran incógnita”, explicó Garate. “De hecho, hoy en día se habla más bien de los significados, es decir, en plural. Esto se debe a que el arte aparece en contextos espaciales y sociales muy diversos, lo que hace pensar que el arte pudo tener motivaciones muy diversas. En todo caso, el arte paleolítico presenta una diversidad gráfica muy escasa, lo que hace pensar en una especie de control sobre la producción artística, algo que debía venir impuesto por una parte de la sociedad”.
“En este caso, el arte tendría un valor colectivo dentro de los grupos humanos relacionado con el equilibrio de poderes. Sea como fuere, hoy en día estamos lejos de poder determinar las razones concretadas por las que se decoraron las cuevas paleolíticas”, concluyó Garate.
Por su lado, Marcos García Diez opinó que “la interpretación es un terreno resbaladizo y en el que no hay un acuerdo. No podemos hablar con quienes lo hicieron y tampoco las imágenes que nos ha dejado se corresponden a un código con el que estemos acostumbrados”.
“Para mí”, continuó García Diez, “Altamira está compuesta de símbolos que integran un significado. ¿Cuál? No lo sé, y además pienso que es muy posible que no haya sido constante el significado, o el sentido, o el uso o función. Lo que está claro es que principalmente pintaron lo que veían en su entorno natural, y los animales que de manera genérica más consumían. Es muy posible que estos animales tuvieran para ello un valor y significado especial, hasta tal punto que los inmortalizaron sobre la pared. ¿Pero inmortalizaron al animal o querían inmortalizar sus características?”.
Por qué dejaron esas muestras artísticas nuestros antepasados es algo que todavía escapa a los especialistas, y tal vez nunca se llegue a saber. El arte por el arte es una de las posibilidades. Las primeras interpretaciones les encontraron un significado decorativo y ocioso. Otras siguieron otorgándoles un significado mágico o religioso, una búsqueda de comunión con la naturaleza, o de influenciar en la caza. Lo cierto es que parte del arte plasmado en Altamira es magnífico, incluso desde el punto de vista artístico actual. Se atribuye a Pablo Picasso haber dicho que “desde Altamira, todo es decadencia”.
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En resumen: La cueva de Altamira es una de las joyas del patrimonio cultural de la humanidad. Sus pinturas rupestres, realizadas por Homo sapiens durante 25.000 años entre el Paleolítico Superior, representan la evidencia más completa del primer arte humano conocido en Europa. Descubierta en 1879 en Santillana del Mar, Cantabria, tardó décadas en ser reconocida por la comunidad científica. Hoy, la cueva original está cerrada para preservar las pinturas, pero el Museo de Altamira ofrece una réplica de la Capilla Sixtina del arte rupestre, accesible al público.


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