Durante décadas se asumió que la evolución del género Homo siguió un rumbo fijo en cuanto al cerebro, cada vez más grandes gracias a la selección natural favoreciendo la inteligencia, porque esta nos aportaba una ventaja.
Artículo completo en: https://darwinydragones.substack.com/p/por-que-el-cerebro-humano-se-fue
Pero, un estudio publicado en Nature Communications puso a prueba esa historia con el registro fósil más completo analizado hasta ahora, y lo que descubrieron es que no fue todo tan direccional, sino que imperó el azar.
Cada mutación no nos fue haciendo mejores de forma automática, o más aptos. En cambio, el proceso que operó fue mucho más aburrido, pero real, según Harvati y colegas.
Muchas de las diferencias en nuestros cráneos habrían aparecido simplemente por azar. Fueron cambios que ni ayudaban, ni perjudicaban, así que la forma de la cabeza fue flotando “a la deriva” a lo largo de las generaciones. Otras veces, el diseño de la cabeza se habría quedado completamente congelado y sin cambios durante cientos de miles de años.
Esto pasó, según los autores del estudio, porque el cuerpo tenía límites. No se podía cambiar una parte del cráneo sin romper o desajustar otra que era vital, así que la evolución prefirió dejar las cosas como estaban.
Lo más interesante de este estudio es que no dice “la evolución humana fue puro azar”, que sería una lectura floja y medio clickbait. Dice algo más interesante, que buena parte de lo que asumíamos como “progreso” dirigido en nuestra propia evolución puede explicarse igual de bien, con modelos que no necesitan ninguna presión selectiva constante. Y que la pregunta más productiva capaz no es “por qué evolucionamos hacia lo que somos”, sino “qué fue lo que nos permitió, de tanto en tanto, escapar de las restricciones que nos mantenían iguales durante cientos de miles de años”.
Comentarios