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El invierno que casi borró a los neandertales del mapa

Un nuevo estudio revela que un pequeño grupo de refugiados neandertales logró sobrevivir a una glaciación extrema y repoblar Europa, protagonizando un último e inesperado 'reinicio de la especie.

Por mucho tiempo pensamos en los neandertales como una población estática que simplemente se desvaneció con la llegada de nuestra especie. Sin embargo, un nuevo estudio genético revela una historia mucho más dinámica y dramática: una crisis climática que los llevó al borde de la desaparición y un posterior “renacimiento” genético que tuvo su origen en el suroeste de Francia.

Mucho antes de su desaparición definitiva, los neandertales se enfrentaron a un desafío climático que los llevó al borde del abismo. Un nuevo estudio genético revela que un pequeño grupo, refugiado en el suroeste de Francia, logró sobrevivir a una glaciación extrema y repoblar Europa, protagonizando un último e inesperado 'reinicio' en la historia de la especie.

El estudio, publicado en marzo de 2026 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, combina nuevos datos genéticos con un exhaustivo registro arqueológico para reconstruir, con un nivel de detalle sin precedentes, los últimos capítulos de la historia demográfica de nuestros parientes extintos más cercanos.

Según este estudio científico, todos los neandertales, desde España hasta el Cáucaso, descienden de una misma población que sobrevivió refugiada en el suroeste de Francia hace unos 65.000 años, antes de expandirse por el continente en una última diáspora.

Al parecer, entre 70.000 y 60.000 años atrás, la densidad de asentamientos neandertales se concentró drásticamente en el sur de Francia. Fue un cuello de botella: la especie se redujo a su mínima expresión para luego, como un resorte, volver a expandirse por el continente cuando las condiciones climáticas lo permitieron.

Sin embargo, este “renacimiento” fue el último. El análisis detectó una caída estrepitosa en el tamaño de la población neandertal que comenzó hace unos 45.000 años. Para hace 42.000 años, la diversidad genética había alcanzado un mínimo crítico, apenas unos milenios antes de su desaparición total del registro fósil.

La historia de los neandertales está escrita en sus huesos, pero también en las piezas invisibles de su ADN. El equipo liderado por Cosimo Posth, de la Universidad de Tubinga, Alemania, analizó el ADN mitocondrial de diez individuos neandertales provenientes de seis yacimientos arqueológicos en Bélgica, Francia, Alemania y Serbia. Estas nuevas secuencias se sumaron a 49 ya publicadas previamente, conformando el conjunto de datos genéticos neandertales más completo analizado hasta la fecha.

El ADN mitocondrial es especialmente valioso en estudios de poblaciones antiguas porque se conserva mejor que el ADN nuclear y permite rastrear linajes maternos a lo largo del tiempo. Extraerlo de restos óseos de decenas de miles de años de antigüedad es, sin embargo, una tarea muy delicada. Los huesos fueron previamente escaneados con microtomografía computada, se extrajeron entre 8 y 77 miligramos de polvo de hueso o diente, y las muestras fueron procesadas en laboratorios de máxima limpieza para evitar cualquier contaminación con ADN humano moderno.

Declive final

Imaginemos a pequeñas poblaciones neandertales dispersas por el continente, cada una con su propia herencia acumulada durante milenios. Pero en cuestión de pocas generaciones, algo cambia. Las huellas de esos linajes antiguos desaparecen y son sustituidas por una nueva “versión” de neandertal. Según el estudio, este nuevo linaje se originó en un refugio poblacional en el suroeste de Francia.

Desde ese rincón privilegiado, protegidos quizás por un microclima más favorable durante un periodo de frío intenso, estos neandertales iniciaron una expansión masiva que los llevó a recolonizar Europa, desde la Península Ibérica hasta el Cáucaso.

Al analizar las relaciones evolutivas entre los distintos individuos, los investigadores encontraron algo llamativo. Mientras que los neandertales más antiguos, de entre 120.000 y 57.000 años, muestran una diversidad genética razonable, agrupándose en varias ramas diferentes del árbol genealógico, los neandertales tardíos cuentan una historia completamente distinta.

Casi la totalidad de los neandertales que vivieron durante el período conocido como MIS 3, que va de 57.000 a 40.000 años atrás, pertenecen a un único linaje mitocondrial. Es decir, si pudiéramos trazar el árbol familiar de todos los neandertales tardíos europeos, prácticamente todos ellos convergerían en una única abuela común relativamente reciente. Individuos tan distantes geográficamente como los de España, Italia, Bélgica, Croacia y el Cáucaso comparten este mismo origen materno.

Esto indica que una enorme porción de la diversidad genética neandertal desapareció antes de hace 65.000 años, y que la población que repobló Europa después de ese evento era genéticamente muy homogénea.

¿Qué provocó esa pérdida de diversidad?

Los datos apuntan a un dramático cuello de botella poblacional, probablemente impulsado por el clima. Es que Europa atravesó una etapa glacial especialmente cruda durante el período conocido como MIS 4, entre 73 mil y 60 mil años atrás. Con condiciones muy frías y secas, que redujeron de forma drástica los recursos y los territorios habitables.

Los modelos de nicho ecológico elaborados en el estudio confirman que, hace unos 65 mil años, en pleno pico del MIS 4, el espacio potencialmente habitable para los neandertales en Europa occidental alcanzó su mínimo histórico.

Durante unos 30 mil años previos a ese momento, los investigadores notaron una falta total de nuevos linajes mitocondriales. Como si el tiempo genético se hubiera detenido, ninguna nueva rama principal emergió durante ese extenso período. Luego, hace aproximadamente 65.000 años, todo cambió.

No es que los neandertales dejaron de reproducirse o de mutar genéticamente. Lo que probablemente significa, según los autores, es que las poblaciones eran tan pequeñas y estaban tan aisladas durante ese período glacial riguroso, que cualquier nuevo linaje que surgiera simplemente se extinguió antes de poder propagarse. Sin descendientes suficientes, una variante genética desaparece sin dejar huella.

Es el equivalente genético de un árbol que en invierno no produce ramas nuevas que sobrevivan. Los brotes aparecen, pero mueren antes de consolidarse.

El refugio de Francia, ¿la cuna de los últimos neandertales?

La combinación de los datos genéticos con el registro arqueológico ofrece una pista geográfica crucial. Al mapear la distribución de yacimientos arqueológicos neandertales a lo largo de 90 mil años, utilizando la base de datos ROAD (ROCEEH Out of Africa Database), los investigadores observaron que, entre ,80 mil y 60 mil años atrás, la densidad de sitios arqueológicos se contrajo notablemente y se concentró sobre todo en el sur de Francia.

Esta región actuó, según los autores, como un refugio glacial. Un área donde las condiciones climáticas seguían siendo suficientemente tolerables como para mantener una pequeña pero persistente población neandertal. Mientras que en el resto del continente la presencia de estos homínidos se volvía esporádica o desaparecía del todo.

Fue desde ese refugio que, 65 mil años atrás, los neandertales protagonizaron una expansión a gran escala. Sus descendientes, portadores de ese único linaje mitocondrial, se dispersaron progresivamente hacia el este y el norte de Europa, recolonizando territorios que sus antepasados habían ocupado siglos atrás pero que el frío había vaciado.

El colapso demográfico de los últimos milenios

Pero los neandertales no se recuperaron de esa pérdida de diversidad, según los autores del estudio.

Mediante un análisis estadístico que estima los cambios en el tamaño efectivo de la población a lo largo del tiempo, los investigadores detectaron una señal alarmante en los datos alrededor de 44.500 años atrás, la población neandertal comenzó a desplomarse.

El descenso fue rápido y pronunciado, alcanzando su punto más bajo alrededor de 42 mil años atrás. Justo antes de que el registro arqueológico y fósil de los neandertales desaparezca por completo.

Este hallazgo coincide con lo que sabemos por otras fuentes, que los neandertales se extinguieron en algún momento entre hace 40.000 y 39.000 años, en un período que también coincide con la expansión de los Homo sapiens modernos por Europa. Algunos estudios vienen aportando evidencia de que los neandertales remanentes habrían sido absorbidos en poblaciones más diversas de sapiens. (¿Neandertales y sapiens unidos por redes matrilineales?)

Una especie altamente homogénea antes de su extinción

Una consecuencia intrigante de toda esta historia es que, cuando los neandertales se extinguieron, lo hicieron siendo una población genéticamente muy uniforme. La diversidad que habían acumulado durante cientos de miles de años de evolución había sido prácticamente borrada por el cuello de botella del MIS 4 y la posterior expansión desde un único refugio.

Esto es particularmente notable si se tiene en cuenta que el yacimiento de Goyet, en Bélgica, uno de los más ricos en restos neandertales, concentra en apenas 4.000 años y en un solo lugar casi toda la diversidad genética observable en los neandertales tardíos de todo el continente. Como si en un único sitio belga se pudiera leer, comprimida, toda la variación genética de una especie que se extendió desde Portugal hasta las montañas del Cáucaso.

Los autores señalan, sin embargo, que aunque genéticamente los neandertales tardíos eran muy similares entre sí, su cultura material era todo menos uniforme. Las herramientas, técnicas y tradiciones arqueológicas de este período muestran una sorprendente variedad regional. Esto sugiere que la homogeneidad genética no implica necesariamente homogeneidad cultural, y que los neandertales tardíos, pese a compartir una ascendencia común reciente, desarrollaron respuestas culturales diversas y complejas a los distintos ambientes que habitaban.

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