Un nuevo estudio internacional revela que estos antiguos homínidos no solo aprovechaban la carne de la megafauna, sino que seleccionaban molares de rinoceronte por su extrema dureza para usarlos como "martillos" de precisión.
En un hallazgo que redefine nuestra comprensión de la tecnología prehistórica, un equipo multidisciplinar de investigadores ha confirmado que los neandertales utilizaron dientes de rinoceronte como herramientas de percusión durante el Paleolítico Medio en Europa Occidental.
El estudio, liderado por Alicia Sanz-Royo y Juan Marín y publicado en la prestigiosa revista Journal of Human Evolution, se basó en el análisis de restos fósiles hallados en yacimientos clave como la Cueva de El Castillo (España) y Pech-de-l'Azé II (Francia).
Los científicos descubrieron que estos homínidos seleccionaban deliberadamente los grandes molares de estos animales para utilizarlos como "retocadores", unos instrumentos esenciales para afilar y dar forma a sus cuchillos y lanzas de piedra.
Una "caja de herramientas" hecha de dientes
Hasta ahora, se sabía que los neandertales utilizaban fragmentos de huesos de animales para fabricar sus herramientas, pero el uso de dientes es un fenómeno mucho más raro y sofisticado.
El esmalte dental es el tejido más duro del cuerpo de los mamíferos y, en el caso de los rinocerontes, su tamaño y densidad los convertían en candidatos ideales para trabajar materiales muy resistentes como el sílex o el cuarzo. Para comprobar esta hipótesis, los investigadores realizaron lo que se conoce como arqueología experimental.
"Obtener dientes de rinoceronte para los experimentos fue un ejercicio extremadamente difícil pero indispensable", explican los autores en el artículo. Gracias a la colaboración de varios zoológicos franceses que donaron molares de rinocerontes blancos actuales, un experto tallador reprodujo las técnicas neandertales para ver qué marcas dejaban en los dientes.
Los resultados fueron interesantes. Las muescas y fracturas producidas en los experimentos eran idénticas a las encontradas en los fósiles de miles de años de antigüedad. Esto demuestra que los neandertales no sólo recogían estos dientes por azar, sino que entendían sus propiedades físicas y los integraban en su vida cotidiana como herramientas de precisión.
El ingenio neandertal frente a la megafauna
El estudio analizó un total de 281 dientes procedentes de contextos arqueológicos. En la Cueva de El Castillo, en Cantabria, el 12,4% de los dientes de rinoceronte analizados presentaban marcas de uso humano, especialmente muescas en las zonas de mayor dureza.
Los científicos observaron que estos "martillos dentales" se utilizaban principalmente de tres formas: Como retocadores, para dar el toque final al filo de una herramienta de piedra. Como percutores, para golpear directamente el núcleo de una piedra y extraer láminas afiladas. Y como yunques, sirviendo de base sólida para cortar otros materiales como fibras vegetales o cuero.
Este comportamiento no era generalizado, lo que sugiere que podría tratarse de una tradición tecnológica específica de ciertos grupos o una respuesta creativa a la falta de otros materiales en momentos concretos. Los yacimientos estudiados, como El Castillo y Pech-de-l'Azé II, son fundamentales para entender cómo los neandertales se adaptaron a las duras condiciones de la Edad de Hielo, donde aprovechar cada recurso de un animal tan imponente como el rinoceronte (de las especies Stephanorhinus) era una cuestión de supervivencia.
En definitiva, este estudio refuerza la imagen del neandertal como un homínido con una capacidad de planificación y un conocimiento de los materiales mucho más profundo de lo que la cultura popular suele representar, situándolos como maestros en el aprovechamiento integral de la megafauna europea.
Otros casos similares fueron los de los yacimientos franceses de Pech-de-l'Azé I y Abri Peyrony, se hallaron herramientas hechas de costillas de ciervo pulidas, conocidas como lissoirs. Estos instrumentos se utilizaban para trabajar las pieles, haciéndolas más suaves, resistentes y resistentes al agua. Lo más fascinante es que este diseño es tan perfecto que los trabajadores del cuero todavía utilizan herramientas similares hoy en día.
También el caso de la Cueva de Mezmaiskaya, Rusia, se descubrió un fragmento de hueso afilado de unos 80.000 años de antigüedad que servía como punta de un arma proyectil. Este hallazgo es clave porque es mucho más antiguo que las primeras herramientas similares fabricadas por el Homo sapiens en Europa, lo que sugiere que los neandertales podrían haber inventado esta tecnología de forma independiente.
En la Cueva de Chagyrskaya, en las montañas de Altai, se han identificado más de mil herramientas de hueso. El análisis mostró que los neandertales seleccionaban deliberadamente ciertos tipos de huesos y animales (como bisontes o caballos) para crear herramientas con tamaños estándar, lo que indica un proceso de fabricación casi "industrial" y premeditado.
El yacimiento de Quincay es fundamental para entender el periodo de transición entre los últimos neandertales y la llegada de los humanos modernos a Europa. Los niveles analizados corresponden a la cultura Châtelperroniense, una etapa de gran debate académico donde se observa un refinamiento en las técnicas de fabricación. Aunque el uso de dientes como herramientas es poco común en el registro fósil en comparación con el uso del hueso, este estudio sugiere que pudo ser una práctica más extendida de lo que se pensaba, especialmente en regiones donde la megafauna era abundante.
Este hallazgo añade una capa más de complejidad a nuestra visión de los neandertales, presentándolos como artesanos capaces de evaluar y elegir el mejor material disponible en su entorno para perfeccionar su tecnología.
Comentarios