Ir al contenido principal

La extraordinaria variedad humana

El ser humano es increíblemente diverso. Desde un punto de vista genético, los humanos modernos pueden definirse como una combinación de características comunes. Todo individuo tiene alguna de ellas, pero no necesariamente todas. Esto hace que por fuera presentamos tantas variantes como en un arcoíris.

Artículo publicado originalmente en . Muy Interesante, España. Nº 519. Agosto de 2024.



Si alguien se sienta en la plaza de una ciudad cosmopolita y presta atención a la gente que pasa, verá una desconcertante variedad de narices, formas y colores de cabello, múltiples colores de piel. Humanos de lo más diversos. ¿A qué se debe? 

Tiene que ver con cómo la evolución ha ido adaptando a nuestra especie a cada uno de los cambios que han ocurrido en los ecosistemas en los que vivían, así como en los nuevos a los que emigraba. 

Eso los volvió de lo más heterogéneos, característica que les dio la flexibilidad con la que no contaron las otras especies humanas que se extinguieron unos 40 mil años atrás. Los neandertales, por ejemplo, apenas tenían un tercio de la diversidad del Homo sapiens.

Es que, los 300 mil años que han pasado desde que nuestra especie se originó en África, se podrían calificar de montaña rusa climática, ecológica y demográfica, hasta hace unos 10 mil años en que todo se volvió más estable. 

Se experimentaron alteraciones tan grandes en el clima, que han llevado a gran cantidad de especies a la extinción. La nuestra, por el contrario, se ha ido adaptando biológicamente a diferentes climas y ambientes, lo que la ha vuelto increíblemente diversa, y a la vez le ha permitido poder colonizar casi toda la superficie del planeta.

Algunas de las adaptaciones que consiguió en el camino son globales, y seguramente están en la base de los primeros Homo sapiens. Otras son continentales y reflejan características adquiridas durante las grandes expansiones hacia nuevos territorios. 

Mientras que otras adaptaciones son más recientes y regionales, que reflejan cambios locales, migraciones y asimilación de otros grupos, e incluso otras especies humanas, como neandertales y denisovanos.

Esas dos especies y la nuestra se originaron hace unos 600 mil años a partir de un mismo ancestro común, pero tomaron caminos evolutivos diferentes, hasta que comenzaron a encontrarse, convivir e intercambiar genes hace al menos unos 130 mil años. Pero, ninguno de esos compañeros humanos sigue vivo hoy en día.

Una pregunta crítica es ¿por qué fueron los Homo sapiens, y no los otros dos grupos, los que sobrevivieron, se volvieron numerosos, desarrollaron culturas complejas, y ocuparon todo el planeta? La gran ventaja inicial sería su extraordinaria variedad. 

Pero, ¿cómo y por qué surgió esta variedad? Veremos que detalles como el color de la piel, la forma del cabello, y el color de los ojos servirán de ejemplo para esa montaña rusa de cambios que ha sido la evolución humana reciente.

De pieles cetrinas y blanquecinas

Evolución implica cambios en un ser vivo a lo largo del tiempo. La forma en que aparecen y prosperan esos cambios varía. Uno de los principales motores de la evolución es la selección natural, que tiene que ver con una adecuada adaptación al medio ambiente. 

Esta suele ser ayudada por la selección sexual, que ya no tienen tanto que ver con la supervivencia, sino con atraer a posibles parejas, y dejar descendencia. Ambos motores evolutivos fueron clave en casi todas las características que nos vuelven tan diversos como especie a nivel superficial.

La increíble variedad de tonalidades de piel que hay en el ser humano es un ejemplo de cómo la evolución actuó para adaptarnos a diferentes latitudes. En ninguna otra especie de mamíferos podemos encontrar un rango tan amplio de colores, que van desde el marrón más oscuro, casi negro, al casi blanco, pasando por todas las tonalidades intermedias. 

Las razones de esta extraordinaria variedad están enraizadas en nuestra historia evolutiva y ofrece uno de los ejemplos más claros de cómo ha funcionado la selección natural en el linaje humano. 

Casi todos los mamíferos, y nuestros parientes primates, tienen pelaje protegiendo una piel clara. Nosotros somos casi pelados, y con colores de piel acordes a cada ambiente.

Todas las evidencias apuntan a que ya no tenemos pelaje para poder sudar mejor, como una adaptación a una vida muy activa en ambientes abiertos y cálidos. Esto ayudó a regular mejor la temperatura corporal. 

Pero, también desencadenó un gradiente natural de colores de piel, para poder lidiar con la intensidad de la radiación ultravioleta que llega a la superficie de la Tierra desde el Sol. 

Si bien demasiada exposición a la radiación UV puede dañar la piel, también necesitamos esos rayos para producir vitamina D, que es vital para fortalecer el sistema inmunológico, y para fijar el calcio en los huesos. La respuesta de la evolución a estas necesidades fue la asombrosa variedad de colores de piel.

Es el que color está dado por el pigmento conocido como melanina, producido por unas células llamadas melanocitos. Es ese pigmento el que evita que los rayos UV dañen los núcleos celulares de la piel. 

Algunas personas producen mucha melanina en sus melanocitos, mientras que otras muy poca, y eso depende de la cantidad de radiación UV presente en el ambiente de sus ancestros, como bien cuenta la experta en evolución de la piel Nina Jablonsky, en su libro Piel, una historia natural.

Los primeros representantes del género humano tenían la piel oscura, para lidiar con la amplia radiación de las regiones ecuatoriales africanas donde evolucionaron. Colorear la piel puede parecer algo sencillo, pero lo cierto es que decenas de genes diferentes actúan para sintetizar y distribuir la melanina que pigmenta la piel. 

Ese sistema tuvo que ir adaptándose cuando el ser humano se expandió por otros ecosistemas en los que había una menor radiación UV, por lo que la piel necesitaba admitir más luz solar en su piel, para poder sintetizar suficiente vitamina D. 

Rulos, ondas y rectas

La historia de las migraciones y la evolución de nuestra especie se puede leer también en los genes de del pelo. En el África sub Sahariana ha favorecido el cabello de rulos apretados. En Asia, las mutaciones han llevado hacia un tipo más lacio y grueso. Mientras que, en Europa, otras mutaciones generaron un cabello ondulado y de los colores más variados. 

La cabeza fue uno de los pocos lugares en los que el ser humano mantuvo pelo, y la razón es porque allí funciona como regulador de temperatura. 

Los rulos apretados protege mejor la cabeza frente al exceso de radiación solar. El cerebro es muy sensible a los cambios de temperatura, y el pelo ensortijado permite que se cree una capa de aire aislante, más fresco y seco, entre la piel y lo más alto del cabello.

El pelo lacio o levemente ondulado, evolucionó de forma independiente tanto entre los pueblos asiáticos, como entre los europeos, y se cree que es una adaptación que aportó una mejor protección frente al frío de la era glacial, hace unos 65 mil años, que fue cuando nuestra especie se expandió por esas regiones del planeta. 

Ahora, que tengamos cabello negro, marrón, amarillo o rojo natural, tienen más que ver con la selección sexual, según planteó el genetista Luigi Cavalli-Sforza. Es decir, maximizar las chances de dejar descendencia llamando la atención de las posibles parejas. 

Ojos rasgados y redondos

Que tengamos ojos azules, verdes, marrones o negros, con un aspecto rasgado, se cree que tiene que ver con cómo los ojos ven, y cómo son vistos. Es decir, la evolución favoreció tanto su utilidad para adaptarse al medio en que vivían, así como para resultar atractivos a los demás, al tiempo que servían en el aspecto social, comunicativo.

Un estudio de los científicos Hiromi Kobayashi y Shiro Kohshima en la revista Nature en 1997 sentaron la base de todo lo que tiene que ver con la evolución del ojo humano. Como, por ejemplo, que la parte blanca del ojo, la esclerótica, es tan visible en el ser humano para facilitar la percepción de la mirada. Algo clave en nuestra relación con otras personas en el día a día. En otros primates suele ser marrón.

Origen similar tiene la forma rasgada de los ojos, característica del ser humano, más pronunciada en algunas poblaciones orientales. Es una adaptación que se da entre los primates terrestres, y se amplió entre los bípedos como nosotros, que a la vez somos muy sociales. Este estiramiento horizontal de los párpados también favorece la dependencia humana de las señales oculares. Una mirada nos puede decir mucho sin palabras. 

Son pocos los mamíferos que tienen el iris del ojo que no sea marrón. Según los autores mencionados, y otros estudios posteriores, nuestro variado color del iris tiene mucho que ver los todas las latitudes que hemos colonizado. 

Los tonos claros permiten una mayor entrada de luz en el ojo, a la vez que cambian el espectro de luz que llega, favoreciendo al azul. Y es sabido que las luces azules tienen un efecto importante en el ritmo circadiano, o ciclo de sueño. 

Diversos estudios han mostrado que los iris de color azul reducen la incidencia de depresión en gente que vive en zonas muy alejadas del Ecuador. Esto tiene que ver con que en esas latitudes hay menos luz solar, y menos todavía en la longitud de onda corta, el azul. Este tipo de luz activa ciertos ganglios fotosensibles que suprimen la liberación de melatonina, y por ende favorecen el estar más despiertos.

Por el contrario, la evolución ha favorecido los colores oscuros o pigmentados, para el iris, en poblaciones que se originaron cerca del Ecuador, ya que protegen mejor contra el exceso de luz. Es el más común en nuestra especie, ya que fue en esa región en la que se originó, y los colores claros aparecieron después en algunas poblaciones que vivían más cerca de los polos. 

¿Por qué somos tan diversos?

Más de uno pensará, pero para qué quiero un cabello tan especial, puedo usar un gorro para proteger la cabeza, tanto del exceso de luz solar, como para darle calor. También puedo usar anteojos para regular la luz que entra en el ojo, ropa para proteger la piel del sol, y comprar la vitamina D en la farmacia.

Es que todas esas adaptaciones que hemos visto son de tiempos en los que la tecnología no dominaba cada aspecto de nuestra visa. Fue esa flexibilidad biológica la que posibilitó la aparición de una cultura y una tecnología cada vez más compleja, que nos permitió ir cada vez más lejos.

Así es que el por qué de nuestra increíble diversidad está en la biología. La paleoantropóloga Marta Mirazón Lahr ha identificado cinco fases en la historia evolutiva de nuestra especie que nos llevaron a tener la increíble variedad que tenemos hoy en día. La primera se ubica cerca del origen, entre unos 240 y 200 mil años atrás, que es cuando se volvió muy diversa dentro de su África originaria. 

Le sigue la etapa de las primeras expansiones a Eurasia, entre 130 y 100 mil años atrás. Ocurrió tras un crudo período glacial, durante el cual las poblaciones humanas se habían fragmentado mucho, lo que las había diferenciado. Al volverse a reunir, se potenció la diversidad, a la vez que comenzaron a cruzarse con otras especies humanas de Eurasia. 

La tercera fase fue entre 70 y 50 mil años atrás, cuando ocurrió una dispersión mucho mayor, y ya continuada en el tiempo desde África, y también desde Eurasia hacia el Sudeste asiático y Oceanía. La variedad de ecosistemas que encontraron sentó las bases para la cuarta fase.

Esta ocurrió entre 45 y 25 mil años atrás. Fue durante la cual se extinguieron las otras especies humanas, y cuando se estableció la estructura principal de la diversidad humana actual, con la formación de los patrones regionales que serían re barajados en la última fase. 

La fase final comenzó hace unos 15 mil años y es llamada “El Filtro del Holoceno”, por Mirazón Lahr. Tras salir del período más crudo de la última Era de Hielo, durante el cual se extinguieron muchas poblaciones, el ser humano comenzó a globalizarse. 

Ya dejó de formar poblaciones aisladas que se encontraban de vez en cuando, y el intercambio pasó a ser habitual. La llegada de la agricultura llevó a un aumento constante de población, que a su vez llevó a una mayor diversidad, la más alta de nuestra historia evolutiva. Una consecuencia inevitable de ser más de 7 mil millones de individuos diferentes, pero iguales.




Tantas narices

La nariz es una de las primeras partes de nuestra anatomía que nos enseñan a identificar cuando somos bebés. No es casual, es una de las facciones que más se destacan dentro del rostro. Las hay largas, respingadas, achatadas, anchas, puntiagudas, aguileñas. ¿Por qué y para qué tanta variedad?

La nariz humana ganó su forma tras millones de años de evolución, pero la gran variedad actual es producto de múltiples procesos de adaptación a los diferentes climas en los que fue evolucionando nuestra especie. 

Si bien solemos creer que la función principal de la nariz es el olfato, lo cierto es que resulta vital para preparar el aire que entra en nuestros pulmones. Necesitamos que tenga la temperatura y humedad ideal, por eso siempre se desaconseja que respiremos sólo por la boca.

Así es que tal variedad de formas en la nariz humana es fruto de su peculiar adaptación a diferentes climas. En los que son fríos y secos, la selección natural ha favorecido las que eran estrechas y altas, para así tener mayor turbulencia de aire, y poder humedecerlo y calentarlo dentro de la cavidad nasal. Puesto que eso requiere un gasto de energía extra, en las regiones cálidas y húmedas, la nariz se ha adaptado a ser más achatada y baja, para que el aire pase directo.

Genes de otros humanos

Una parte importante de la diversidad de humanos actuales, proviene de otros humanos con los que nos encontramos en el camino. Nuestra especie convivió con neandertales y denisovanos, en Eurasia, durante decenas de miles de años. 

Esto llevó a que hubiese un intercambio importante de material genético. Si bien han pasado unas 2000 generaciones desde ese encuentro, seguimos llevando genes de otras especies dentro de nuestro ADN.

Por ejemplo, unos genes que se suelen ubicar en el cromosoma 2, son responsables por hacer que las personas sean más sensibles al dolor, y se trata de genes de origen neandertal. Parecerá una contra, pero es un beneficio que el organismo se de cuenta a tiempo que está sufriendo un daño.

También recibimos de ellos genes relacionados con un incremento en los partos prematuros. Otra vez, parecerá una desventaja, pero entre los neandertales reducía las chances de perder el embarazo.

Otros genes neandertales vuelven más eficiente al sistema inmunológico, pero a la vez son responsables de aumentar el riesgo de enfermedades autoinmunes, que es cuando ese sistema ataca por error a sus propios tejidos, pecando de exagerado. 

Los denisovanos, una especie humana que vivieron en Asia desde hace unos 400 mil años hasta hace unos 40 mil, también han perpetuado su existencia a través de sus genes en poblaciones actuales.

Un ejemplo es el de los genes que permiten a los tibetanos obtener más oxígeno del aire, tan necesario en las altura extremas, donde escasea. Otro caso son los genes comunes entre los inuit de Groenlandia que los ayuda a producir más grasa intercutánea, lo que les ayuda a tolerar mejor el frío extremo del Ártico. 


Comentarios

Entradas más populares de este blog

La vida cotidiana de los neandertales

El hombre de Neandertal es el pariente humano extinto más famoso. Poca gente no los conoce de nombre, pero también son pocos los que saben cómo era su vida cotidiana en plena Era de Hielo. Algo que hoy se conoce gracias a la increíble cantidad de descubrimientos científicos de las últimas décadas. Artículo publicado originalmente en Muy Interesante, España. Febrero, 2024. Nº 513. El día en que nos enteramos que habíamos compartido el planeta con otros humanos, hace 167 años, comenzó una campaña para diferenciarlos de nosotros. Los primeros restos óseos neandertales en hacerse conocidos fueron los que les dieron nombre, descubiertos en el valle de río Neander, Alemania, en 1856. Durante casi 150 años se los diferenció del Homo sapiens en todo lo que se pudo, pero en los últimos 20 años la cantidad de conocimiento que se adquirió de ellos, tanto por descubrimientos fósiles y arqueológicos, como por la secuenciación de su ADN, ha permitido que los expertos puedan conocer cómo eran realme...

Cómo el hueso hioides cambió nuestra historia

Un pequeño hueso con forma de herradura suspendido en los músculos del cuello cambió la historia del género humano . Se trata del hueso hioides , único hueso del cuerpo que no está conectado a otro, es el responsable del lenguaje hablado, descubierto tan sólo en los Homo sapiens y en los neandertales . Otros animales tienen versiones del hueso hioides, pero sólo los humanos lo tenemos ubicado en la posición ideal para que pueda trabajar al unísono con la laringe y la lengua y así permitirnos ser los únicos animales habladores con vida. Si no fuese así todavía estaríamos gruñendo como nuestros primos los chimpancés. Se cree que el género humano tiene la capacidad de hablar, de forma similar a como lo hacemos hoy en día, desde hace 300 mil años, según aportan datos de huesos hioides fosilizados. Pero no es sólo ese huesito el responsable del habla, sino que para la misma época otro cambio anatómico nos dio las bases del habla, y eso es cuando la laringe bajó. En los niñ...

MIS OIS, Los estadios isotópicos marinos

Los estadios isotópicos marinos o MIS por su nombre en inglés, marine isotope stages , son períodos alternativos de frío y calor en el paleoclima de la Tierra. Anteriormente eran llamados OIS ( oxygen isotope stages ). Sirven para deducir la temperatura y el clima del mundo en un determinado período del pasado, utilizando para ello los datos de los isótopos de oxígeno tomados de muestras de fondo marino, suficientemente profundas y grandes como para ver los estratos. Cada estadio es un período de más o menos temperatura medidos en decenas de miles de años, o cientos de miles o incluso millones. Un estudio completo de estos estadios isotópicos revelan el avance y retroceso de los hielos durante las últimas glaciaciones , y el aumento o disminución del mar. Así se pueden unir a glaciaciones o a períodos intermedios entre las glaciaciones. Estos ciclos se ven alimentados también por las muestras de hielos antiguos, de polen antiguo, etc. Cada estadio isotópico representa un ...