En los próximos años el planeta podría experimentar un cambio climático catastrófico, tan abrupto que ninguna adaptación sería posible. El rápido derretimiento de los hielos continentales del hemisferio norte está alterando el sistema de corrientes marinas que permiten regular el clima global. Esto ya ocurrió en el pasado, relacionado con la desaparición de los neandertales hace unos 40 mil años.
Vista desde el espacio, la Tierra no es más que un pálido punto azul, como la describió el reconocido científico Carl Sagan. Si nos acercamos, vemos agua por todos lados. Azul y líquida en los océanos, blanca y en estado sólido en los casquetes polares, y otra vez blanca en el vapor de las nubes.
El agua marina, que cubre el 75 por ciento de la superficie del planeta, parece plácida. Pero de cerca se ve el movimiento, tanto el vapor de la atmósfera, como el líquido de los océanos, y los hielos continentales.Es una danza entre la atmósfera y los océanos que hacen circular las aguas marinas por el globo, generando circulación de calor y nutrientes por todo el planeta.
Ese movimiento tiene un impacto directo sobre el sistema climático y la biodiversidad de nuestro planeta. Un ejemplo de ello es el sistema de corrientes del océano Atlántico conocido como AMOC, por sus siglas en inglés de circulación de vuelco meridional del Atlántico. Es vital en la regulación del clima de todo el planeta, lleva aguas cálidas hacia el norte, y aguas más frías hacia el sur.
Una investigación de científicos de la Universidad de Utrecht, en los Países Bajos, indica que el derretimiento de los glaciares podría llegar a interrumpir la Corriente del Golfo de México, que lleva calor a gran parte del hemisferio norte. Esto llevaría a un catastrófico congelamiento en Europa, América del Norte y Asia, mientras que aumentaría las temperaturas del hemisferio sur.
La posibilidad de que AMOC llegue a un punto de quiebre en la actualidad es producto de cómo las actividades humanas han afectado al clima mundial en los últimos 200 años. En el pasado AMOC también llegó a ese punto, pero por cuestiones naturales, que tienen que ver con ciclos climáticos de miles de años.
Esas catástrofes del pasado, conocidas como eventos Heinrich, llevaron a Europa y a América cambios drásticos en el clima, que generaron situaciones como la extinción de los neandertales hace unos 40 mil años en Europa, o la posibilidad de que los humanos pasen de Asia a América por primera vez hace unos 30 mil años.
Un planeta en movimiento
Para comprender por qué existen las corrientes marinas, y cómo nos afectan, debemos tener en claro que el océano mundial y la atmósfera forman un único sistema interconectado.Los dos se vinculan por complejos bucles de retroalimentación.
Las grandes corrientes oceánicas son una respuesta al flujo de energía entre los trópicos y las regiones polares del planeta. Un intercambio de calor transportado tanto por los vientos de la atmósfera, como por los océanos, que juegan un papel protagónico en caracterizar al clima de cada región de la Tierra.
Nuestro planeta es una semiesfera que gira sobre sí misma de forma constante. En su cintura, el Ecuador, la presión atmosférica es baja y el aire caliente se acumula allí al ser la región más afectada por la radiación solar. Pero ese aire caliente no se queda quieto, tiende a subir en la atmósfera, y a moverse hacia los polos norte y sur.
Lo mismo ocurre con los océanos, que cubren dos tercios de la superficie del planeta. La circulación global se genera por las diferencias en la densidad del agua, que se deben a la temperatura y a su salinidad. Estas variaciones las llevan a moverse al compás de los vientos.
Por un leve empuje que aporta la rotación terrestre, conocido como efecto Coriolis, tanto los vientos como las corrientes tienden a formar círculos. De ahí las formas y las trayectorias que tienden a seguir, ya que este efecto hace que los objetos que se mueven sobre la Tierra se desvíen hacia la derecha en el hemisferio norte y hacia la izquierda en el sur.
Pero ese equilibrio que logra la danza entre los vientos y las aguas, al son de la música de la rotación terrestre, es muy delicado. Puede colapsar tanto por causas naturales, como ha pasado repetidas veces en los últimos 100 mil años, o por el efecto de las actividades humanas como se cree que podría ocurrir en próximos años.
Fríos abruptos del pasado
En el pasado ocurrieron seis colapsos de AMOC en un lapso de 60 mil años. Seis veces el quiebre de la circulación oceánica del atlántico norte llevó a períodos de frío abrupto y extremo en el Atlántico norte y a una subida de temperaturas en el hemisferio sur.
Gran cantidad de estudios científicos apuntan a un posible culpable, relacionado con lo que está sucediendo en la actualidad, que sería el agua dulce de los hielos derritiéndose en el Atlántico norte.
Durante la última era de hielo, los hielos continentales eran mucho más descomunales que en la actualidad, al grado de que el nivel del mar había descendido muchos metros, por la acumulación de agua en los glaciares.
La capa de hielo que cubría lo que hoy es la península de Labrador, en el extremo norte de Canadá, llegaba a ser tan masiva durante los períodos de frío más extremo, que terminaban colapsando por su propio tamaño. El fruto de ese colapso eran enormes témpanos de hielo que se unían a las corrientes oceánicas del Atlántico norte, y terminaban derritiéndose allí.
Semejante inyección de agua dulce redujo la salinidad del agua marina, lo que llevó a un cambio en la densidad del agua. Esto cortó uno de los motores principales del sistema de corrientes del océano Atlántico, la llamada circulación termohalina, que es cuando la diferencia en la densidad del agua, producto de su salinidad, la hace mover de un lado al otro. Esto derivó en el colapso de AMOC.
Fueron seis los colapsos que los científicos pudieron medir, y ocurrieron todos durante la última Era de Hielo. Sucedieron en el marco de unos períodos extremadamente fríos conocidos como eventos Heinrich, en honor al paleoclimatólogo Hartmut Heinrich.
Quedaron registrados en los suelos marinos del Atlántico norte como unas capas de sedimento provenientes del continente, llevados hasta allí por los témpanos desprendidos de los hielos continentales. Algunos de esos icebergs llegaron a recorrer hasta 3000 kilómetros antes de derretirse.
Los eventos Heinrich ocurrieron durante un período que los científicos llaman MIS 3, por sus siglas en inglés de estadio isotópico marino 3. Se trata de una época de inestabilidad climática durante la cual muchas especies no pudieron adaptarse a los cambios radicales y constantes.
Fue un período relativamente cálido, dentro de la última Era de Hielo, durante el cual ocurrieron los cortos períodos de mucho frío llamados Heinrich, seguidos de otros más largos de mucho calor conocidos como Dansgaard-Oeschger (D-O). Todo esto ocurrió desde hace unos 60 mil años, hasta unos 20 mil años atrás.
Se trata de un período muy importante para nuestra historia, ya que fue cuando se extinguieron las otras especies humanas, como los neandertales, dejando como único sobreviviente al Homo sapiens. También fue cuando se dieron las condiciones climáticas para que el hombre llegue al último de los continentes del planeta en ser poblado: América.
Posibilidades para unos, el fin para otros
En la última etapa glacial, el nivel del mar había bajado decenas de metros, por la gran cantidad de agua que se acumulaba en los continentes en forma de hielo. Esto llevó a que el delgado Estrecho de Bering que separa Asia de América, y el mar que lo rodea, desaparecieran y se transformaran en lo que se conoce como Beringia. Un territorio emergido descomunalmente basto equivalente a toda Europa, en kilómetros cuadrados.
Las hipótesis más aceptadas por la mayoría de los expertos apuntan a que los asiáticos vivieron sobre Beringia durante miles de años hasta que se dieron las condiciones de poder adentrarse en América. Es que las grandes masas de hielo continental bloqueaban el paso en lo que hoy es Alaska.
Algunos creían que recién se habían dado las condiciones hace unos 15 mil años, pero otros estudios como el de Jorge Rabassa y colegas publicado en la revista Quaternaty International, apuntan a que el colapso de AMOC habría generado las condiciones para que en Beringia y Alaska se viviese de un clima templados de bosques y praderas.
En el noreste de Asia y noroeste de América se dieron unas condiciones muy cálidas durante el período MIS 3, que llevaron al retroceso de los grandes glaciares que cubrían gran parte de Alaska hace unos 30 mil años. Lo que habilitó la migración hacia el sur de todo tipo de animales, los humanos incluidos. Dando inicio al Poblamiento de América.
En Europa se experimentó todo lo contrario, eran períodos de frío y aridez extremos que llegaban de forma abrupta, por lo que ningún ser vivo podía adaptarse rápido a condiciones tan cambiantes. Esto llevó a la extinción de muchas especies, a la desaparición de bosques enteros, y dejó a nuestros parientes los neandertales al borde de la extinción.
Su población estaba tan reducida y dispersa, que cuando llegaron nuestros antepasados Homo sapiens en épocas más favorables, los terminaron absorbiendo dentro de sus poblaciones más numerosas, razón por la cual todavía viven dentro de nuestro genoma.
En camino hacia el colapso
Similar a como ha ocurrido muchas veces en el pasado, en la actualidad el derretimiento de los hielos del hemisferio norte están alterando el sistema de corrientes AMOC.
A base de modelos computados y datos aportados por muestras de hielos antiguos y suelo marino, un grupo de investigadores de la Universidad de Utrecht, en Países Bajos, desarrolló indicadores que puedan alertar cuándo AMOC se esté acercando al punto de colapso. Lo que descubrieron es que ya está en ese curso, y no es algo que se pueda evitar.
“Si bien nosotros no podemos estimar el momento exacto en que ocurrirá el colapso de AMOC, sí podemos decir que se está acercando a ese punto”, dijo a Muy René van Westen, científica de la Universidad de Utrecht, en Países Bajos, que formó parte del estudio.
Las consecuencias del colapso de AMOC en la actualidad, según el estudio, llevaría a un cambio climático 10 veces más rápido que el que el ser humano está potenciando ahora. Subiría el nivel del mar en el Atlántico al menos un metro.
El clima fluctuaría todavía más alrededor del mundo. El hemisferio sur se volvería más cálido, el Amazonas más seco, y Europa tendría menos lluvias al tiempo que se enfriaría de forma rápida y drástica.
“Si bien han ocurrido eventos similares en el pasado, los eventos Heinrich fueron diferentes en que el clima era mucho más frío y existían grandes masas de hielos continentales sobre Europa y América del Norte. El proceso ahora es sustancialmente diferente en que el colapso de AMOC es influenciado por un cambio climático inducido por la actividad humana”.
“Al presente lo vemos como un potencial escenario futuro con severo impacto climático”, agregó la investigadora. “Ya hay indicadores de que AMOC está de camino al colapso. Una vez que esto ocurra, se enfriará el clima europeo y los hielos árticos comenzarán a expandirse. En escalas de tiempo humanas es imposible revertir el colapso de AMOC”.
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