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¿Se puede leer el ADN de tus antepasados directamente desde el suelo?

Un nuevo estudio demuestra que el ADN antiguo sobrevive en la tierra mucho después de que el hueso se ha desvanecido. Queda atrapado en el sedimento que los rodeó durante siglos. Y desde allí, se puede leer.


Durante décadas, los arqueólogos han dependido de los huesos y dientes para reconstruir el pasado genético de la humanidad. Sin embargo, en muchas regiones del mundo, los suelos ácidos y la alta humedad actúan como un "borrador" biológico, degradando los restos óseos hasta que desaparecen por completo. 


Esto ha generado un vacío en nuestra historia, sabemos mucho de las poblaciones que vivieron en climas fríos y estables, pero poco de aquellas en regiones húmedas. Un nuevo estudio publicado en el Journal of Archaeological Science propone una solución, buscar el material genético en el suelo que rodea a los restos, y usarlo para potenciar el estudio de los restos óseos.

El problema del ADN desaparece con el tiempo

El análisis del ADN antiguo, o paleogenética, viene revolucionando el estudio del pasado humano, tanto reciente, como el más remoto, permitiéndonos saber cosas antes impensables sobre nuestros antepasados. 

Pero, durante décadas, los paleogenetistas que estudian poblaciones antiguas han dependido casi exclusivamente de los huesos y los dientes. Dentro de estos tejidos duros se conserva el ADN durante miles y miles de años, permitiendo reconstruir migraciones, mezclas de poblaciones y árboles genealógicos de hace milenios. 

Sin embargo, esta dependencia tiene un problema importante, los huesos se conservan bien sólo en ciertas regiones del mundo. En regiones con suelos ácidos, alta humedad y temperaturas cálidas los restos óseos se degradan y desaparecen con rapidez. 

Esto significa que nuestro conocimiento del pasado genético de la humanidad está sesgado hacia las regiones donde los huesos se conservan bien: Europa, las zonas áridas de Asia Central o las cuevas frías. Las poblaciones que florecieron en climas húmedos quedan fuera del mapa genético antiguo.

El detective del ADN: Buscando en el sedimento

Cuando un cuerpo se descompone, libera material biológico al entorno que lo rodea. El ADN, junto con fragmentos celulares y otros compuestos orgánicos, puede adherirse a las partículas minerales del suelo y preservarse allí durante siglos. Esta idea ya había dado frutos en cuevas: equipos anteriores habían recuperado ADN de neandertales y denisovanos directamente de los sedimentos de cavernas en Siberia y el Tíbet.

Pero las cuevas son entornos protegidos, estables y secos. ¿Funciona la misma estrategia en sitios al aire libre, expuestos a la lluvia, las raíces de plantas y las variaciones de temperatura? Eso es lo que decidió investigar el equipo liderado por Rikai Sawafuji, de la Universidad de Kyushu, junto con colaboradores del Instituto Globe de la Universidad de Copenhague.

Un equipo de investigadores, liderado por Rikai Sawafuji de la Universidad de Kyushu, se propuso demostrar que es posible recuperar ADN antiguo sedimentario (sedaDNA) en sitios arqueológicos al aire libre, y no solo en cuevas protegidas, que es donde se habían centrado los éxitos anteriores.

Para probar esta teoría, analizaron muestras de suelo de hace aproximadamente 1,000 años procedentes de dos lugares muy distintos en Japón que son El Castillo de Katsuren (Okinawa), un sitio de entierro bajo el muro de un castillo donde se conservaban algunos esqueletos; y El sitio Oshima 2 (Hokkaido), un antiguo asentamiento de viviendas donde la gente vivió y trabajó.

El equipo descubrió que el ADN mitocondrial humano puede extraerse con éxito de los sedimentos que rodean a los huesos, especialmente aquellos cercanos a las costillas.

Lo más sorprendente fue la precisión del método: los investigadores compararon el ADN del suelo con el de los propios huesos encontrados en el lugar y confirmaron que eran idénticos, perteneciendo a los mismos grupos genéticos (haplogrupos M7a1b1 y D4a1). Esto demuestra que el ADN "se filtra" del cuerpo a la tierra durante la descomposición y permanece allí atrapado durante siglos.

Sin embargo, no todo el suelo es igual. En el sitio de las viviendas (donde no había cuerpos), fue casi imposible detectar ADN humano. Los científicos sugieren que esto se debe a que el rastro que dejamos al vivir —a través del sudor, la piel o el pelo— es mucho más tenue y difícil de capturar que el que deja un cuerpo al descomponerse.

Un método no destructivo con grandes implicancias

Uno de los aspectos más valiosos de esta técnica es que no requiere destruir los restos óseos, que a menudo tienen un valor patrimonial, cultural y simbólico inmenso para las comunidades descendientes. Extraer ADN del suelo alrededor de los huesos permite obtener información genética sin tocar los restos.

Esto tiene implicancias prácticas inmediatas para regiones como el sudeste asiático, América tropical o el África subsahariana, donde los huesos raramente sobreviven pero donde existe una riqueza arqueológica enorme. Si el método puede adaptarse a esos contextos, podría comenzar a cerrar las brechas enormes en nuestro mapa del pasado humano.

El siguiente paso para la ciencia será perfeccionar estos métodos para intentar recuperar no solo fragmentos pequeños, sino el genoma completo de nuestros ancestros directamente desde el polvo del camino que alguna vez pisaron.

Por ahora, lo que este estudio demuestra es que la historia genética de las personas que vivieron hace mil años puede estar guardada, silenciosa, en el suelo donde fueron enterradas.

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