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Little Foot, el Australopithecus problemático

Luego de más de 20 años de haber sido descubierto, uno de los fósiles más completos de Australopithecus finalmente ve la luz, envuelto en una controversia por la lucha entre dos grupos de científicos que pelean por tener derecho a estudiar los fósiles.

"Little Foot" may be a previously unrecognised hominin species

Se trata de “Little Foot”, un fósil de Australopithecus de 3,67 millones de años de antigüedad. Un esqueleto casi completo de una mujer de 1,30 metros de altura, que sugiere a quienes pudieron estudiarlo que tal vez se debería añadir una nueva especie al álbum familiar de los ancestros del género humano.

El género de homínidos Australopithecus es dentro del cual evolucionó el ancestro directo de nuestro género humano, todavía a identificar fehacientemente. Comprende a varias especies, entre ellas el A. afarensis famoso por su principal representante Lucy, junto con el A. africanus, A. anamensis, A. bahrelghazali, A. garhi, y A. sediba, que juntos cubren un período de 4 a 2 millones de años atrás, y una región que va del este al sur de África.

Pequeño pie empotrado

Little Foot es un fósil muy complejo a pesar de ser tan completo, porque estaba empotrado en roca muy dura, razón por la cual tardaron tantos años en poder realizar un análisis completo.
Fue en 1994, cuando de la Universidad de Witwatersrand, en Johanesburgo, Sudáfrica, le solicitaron al paleoantropólogo Ronald Clarke que revisase una colección de huesos que habían sido descubiertos en la Cueva Sterkfontein.

Clarke notó que cuatro huesos de pie, que se creía que eran de algún mono, en realidad pertenecían al grupo Australopithecus. Los huesos eran muy pequeños, razón por la cual Clarke y Phillip Tobias decidieron apodarlo Pequeño Pie o Little Foot.

Recién para 1997 Clarke y colegas descubrieron más huesos del esqueleto de Little Foot encastrados en la roca de la cueva. El proceso de extraer los huesos llevó casi 10 años, ya que se trata de fósiles que se quiebran con facilidad.

“Pasé 20 años con este esqueleto”, contó Clarke a New Scientist. “Descubrirlo en la roca en la profunda oscuridad de la cueva, encontrar cada hueso, extraerlos de los bloques de piedra, limpiarlos, y reconstruirlos”.

Caminando hacia nosotros

Robin Crompton, de la Universidad de Liverpool, Reino Unido, analizaron los huesos de piernas y pies, partes del esqueleto que muy raramente se encuentran en los fósiles de nuestros antepasados, y son clave para saber si caminaban ya como nosotros, o en camino a ello, lo que permitiría ubicarlos dentro del arbusto evolutivo de la evolución humana.

Tenía piernas más grandes que los brazos, lo ya es indicador de que pasaba más tiempo caminando, y menos entre las ramas de los árboles, y que eran capaces de dar pasos largos y más eficientes.
Sus manos, por el contrario, estaban más adaptadas a una vida arbórea, que a manipular objetos con la precisión que pueden hacerlo nuestras manos.

Un detalle interesante sobre Little Foot, es que tiene una herida en el hueso de uno de sus brazos, que se cree sufrió durante su infancia, y que posiblemente le molestó toda su vida. Si bien llegó hasta una edad avanzada.

¿Nueva especie?

Desde un principio Clarke argumentaba que se trataba de un Australopithecus que no podía adscribirse a ninguna de las especies ya conocidas. Él propuso antes que sea llamado Australopithecus prometheus, nombre elegido por el legendario Raymond Dart en 1948 para un cráneo descubierto en Makapansgat, Sudáfrica.

Dart es famos por haber descubierto al niño de Taung en 1925, primer Australopithecus descubierto, y fósil que daría inicio a la idea de que nuestros ancestros evolucionaron en África. Antes se creía que había sido en Asia, ya que los fósiles más antiguos que se conocían eran del sudeste asiático.

Clarke está convencido de que Little Foot no son Australopithecus africanus, como el niño de Taung, razón por la cual resucitó el nombre A. prometheus. El cráneo, el rostro, los dientes, todo es diferente, dice Clarke.

Los dientes indican una dieta casi exclusivamente vegetariana, al contrario de lo que muestran los dientes de A. africanus, que era más omnívoro como nosotros.

Pelea por publicar

Siendo un fósil tan importante, está siendo opacado por una disputa interna de la Universidad de Witwatersrand por ver quién puede estudiar los fósiles, y quién publica antes los resultados de sus estudios.

Entre los científicos, si alguien hace un descubrimiento, los demás esperan a que este alguien o grupo de científicos termine sus estudios, y los publique antes de iniciar sus propios análisis. Pero en el caso de Little Foot, ha llevado 22 años, lo que redundó en que algunos otros científicos pierdan la paciencia de esperar a que Clarke y su equipo publique los resultados.

La disputa es entre Clarke y su colega Lee Berger, paleoantropólogo famoso por haber descubierto al Australopithecus sediba y al Homo naledi, y también conocido por ser poco ortodoxo, ya que la mayoría de sus descubrimientos los dio a conocer antes a la prensa, que a las publicaciones científicas, donde sus colegas podrían haber analizados a fondo sus estudios.

Berger quería estudiar los restos de Little Foot, para poder compararlos con los de sus dos descubrimientos, por lo que solicitó a la Universidad el poder estudiarlos. Pero desde 2008 se lo negaban por haber publicaciones inminentes del equipo de Clarke, algo que no ocurrió hasta ahora, 10 años después.

Según Clarke, Berger quiere hacerse con los laureles de describir a Little Foot por primera vez desde que fue descubierto, algo negado por Berger. Clarke le negó acceso a los fósiles durante años, hasta que la Univesidad le dio permiso a Berger en 2017, si bien con la condición de que no podía publicar nada antes de, 30 de noviembre de 2018, para darle tiempo a Clarke de publicar primero. Algo que tuvo que hacer a las apuradas, y en publicaciones sin revisión por pares, en bioRxiv: 10.1101/48155610.1101/48349510.1101/48271110.1101/486076.

Saldrán luego de ser revisados por otros expertos en la publicación Journal of Human Evolution, Berger publicará en American Journal of Physical Anthropology. Así, la disputa ahora ha pasado a las publicaciones científicas, donde discutirán si es o no es una nueva especie, y qué papel ha jugado en nuestra evolución. 

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