domingo, noviembre 04, 2007

La cueva del Conde en Asturias podría cambiar la forma en que vemos a los neandertales

En LNE nos cuentan sobre la cueva del Conde o del Forno, ubicada en Santo Adriano, en Asturias, España. Es una gruta que fue excavada por primera vez en 1915 justamente por el conde de la Vega del Sella.

Lo interesante de este yacimiento es que tiene vestigios neandertales, pero con tecnologías avanzadas que suelen ser atribuidas a los Homo sapiens.

Según se cuenta en el periódico “Juan Luis Arsuaga, catedrático de Paleontología de la Universidad Complutense y uno de los codirectores del yacimiento de Atapuerca (Burgos), avanza una teoría sobre las ocupaciones humanas en dicha gruta que puede cambiar el paradigma de la Prehistoria”. En realidad confirmarían las hipótesis que se vienen avanzando desde hace unos años y que aquí ya cubrimos.

La cueva del Conde fue desde los primeros estudios, en 1915, un yacimiento enigmático. Lo fue a consecuencia de una estratigrafía anómala que a lo largo del siglo impidió a los investigadores llegar a conclusiones cerradas. Para algunos, como fue el caso del conde de la Vega del Sella, la abundante industria lítica allí encontrada presenta unas características tan similares en los distintos niveles del yacimiento que hacen muy difícil su asignación a un período determinado y, por tanto, impide concretar la evolución del asentamiento humano allí.

Las dificultades planteadas por la estratigrafía, con piezas de tipologías similares en niveles más antiguos y más recientes, llevaron al conde a considerar que el subsuelo de la cueva pudiera estar parcialmente revuelto.

A pesar de la homogeneidad de la industria lítica, tanto el conde de la Vega del Sella como los sucesivos investigadores que realizaron estudios en la gruta definen claramente dos horizontes tecnológicos: el más arcaico, que responde a la tipología del Musteriense, característica del hombre de Neandertal, y otro que quedaría definido como Auriñaciense, nombre con que se denomina la industria realizada por los primeros hombres modernos.

En los años sesenta, el profesor de la Universidad de Chicago L. G. Freeman, que llevó a cabo una excavación en dicho yacimiento durante la que sacó a la luz miles de útiles de piedra y restos de talla, intenta buscar ya una explicación para la semejanza de piezas de distintos períodos, es decir, para las más arcaicas, realizadas por el hombre de Neandertal, y las más evolucionadas, que hasta entonces se asignaban al hombre moderno. Atribuye la tosquedad en ambos casos a la piedra utilizada, una cuarcita granulosa que parece inadecuada para la obtención de determinados útiles, pero también achaca a esas materias primas lo que llama «parecido de familias» que muestran las piezas talladas.

Una de las tesis esgrimidas para explicar los parecidos de la industria realizada por especies humanas diferentes es la que recurre a lo que se ha dado en llamar período de transición. Esto podría explicar, como dice Freeman, el paso de un complejo industrial anterior a complejos posteriores, relacionados pero más evolucionados.

Visto así, lo ocurrido con las herramientas de la cueva de Tuñón podría mostrar el desarrollo gradual de la cultura realizada por el hombre moderno a partir de una tecnología musteriense local. Dicho de otro modo, pudiera ser que los neandertales del Norte fueran los padres de una industria lítica más evolucionada de lo que hasta ahora se creía.

Y ahí es donde entra en juego Juan Luis Arsuaga, director con Gema Adán desde hace tres años de la campaña de excavaciones que se desarrolla en la actualidad en la cueva del Conde.

Para el paleontólogo, en la cueva existen «vestigios neandertales» que indican que esta especie es la autora de unos avances tecnológicos sólo atribuibles hasta ahora a los cromañones. A su juicio, la industria musteriense de la cueva del Conde, con dataciones que dan una cronología entre 40.000 y 38.000 años, incluye azagayas y punzones -útiles realizados en hueso y en asta-, industria laminar y adornos.

Son materiales que en cualquier yacimiento de la Península se atribuyen al Paleolítico superior o, lo que es lo mismo, a la mano del hombre moderno, pero que Arsuaga defiende en la cueva de Santo Adriano como realizados por los neandertales.

Es una nueva lectura del poblamiento antiguo que puede originar debate, pero que también ha comenzado a defenderse en la cueva del Castillo (Cantabria). Esto sitúa a los neandertales como autores de una tecnología más avanzada sobre todo en el Cantábrico, porque los neandertales del Sur y del Levante siguen en ese tiempo realizando su industria tradicional. Para Arsuaga, los hallazgos de la gruta del Conde cambiarán el paradigma de la Prehistoria en la cornisa cantábrica.

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