lunes, marzo 20, 2006

El mito del Neandertal bruto

Ninguno de nuestros antepasados prehistóricos arrastra con tal cantidad de prejuicios como el Hombre de Neandertal, tanto científicos como populares. Es algo corriente hoy en día que su nombre esté asociado a alguien que es bruto o arcaico, incluso está relacionados con la estupidez, la ferocidad y la fuerza bruta.

Muchas veces en el habla popular se utiliza el nombre neandertal como sinónimo de bruto, o estúpido. Estoy suscrito al sistema de noticias de Google con la palabra neanderthal (como llaman a los neandertales en inglés), y me llegan tres artículos por día de las noticias en las que utilizan esa palabra. El 90 por ciento de las veces es utilizada como sinónimo de retrógrado, bruto o idiota. Por el contrario la palabra neandertal (como es llamado en castellano), me llega sólo asociada a noticias que tienen que ver con nuestro Homo neandertalensis.

Una de las principales razones de que los neandertales hayan sido objeto de tantos prejuicios y malos entendidos es la fuerza que tienen las imágenes que se han difundido sobre ellos. La mayoría fruto de teorías rivales sobre la ascendencia humana, de quienes eran reticentes a aceptar al Homo neandertalensis como miembro de nuestra propia especie Homo sapiens.

Y así también esta imagen bruto del neandertal que se comenzó a formar comienzos del siglo XX, viene a suplantar al antiquísimo mito del hombre salvaje, que siempre existió en la sociedad humana. Hombres que vivían al margen de la civilización. Mito que podemos encontrar ya en la antigua Roma en la pluma del autor Plinio el Viejo.

Más tarde científicos como Marcellin Boule desarrollaron una imagen del neandertal parecida a los grabados medievales sobre los hombres salvajes. Boule fue quien descubrió los restos en la cueva de Chapelle-aux-Saints, y fue quien encargó la primera ilustración de neandertal (arriba a la derecha), en el año 1909. Apareció en la revista francesa L'Illustration y más tarde en la Illustrated London News. Resulta obvio que un ejemplar semejante, bestial, hirsuto, fue expulsado de la línea central de nuestro linaje.

Tampoco ayudó a la mala imagen que ya se tenía el que lo trataran de forma poco grata en la literatura especulativa. Ya en 1911 J. H. Rosny-Ainê, lo retrató en La guerra del fuego, novela corta. Más tarde, en 1921, H. G. Wells los describió de forma poco grata en The Grisly Folk. Recién en los 50 comenzó a suavizarse la imagen de los neandertales, con Los herederos (1955), de William Golding y el relato “El niño feo”, de Isaac Asimov, que si bien los describe de forma grosera y horribles los hace más inteligentes. Y finalmente en 1980 aparece el ciclo de Jean Auel que describe a los neandertales con términos más que elogiosos en su novela El clan del oso cavernario y secuelas.

No existe evidencia alguna de que los neandertales anduvieran encorvados, o se pasearan desnudos con mazas, ni que fueran peludos, de labios descomunales, ni que se comunicaran con gruñidos. Pero ya desde su descubrimiento, en la cueva Feldhofer, en el valle del río Neander (Neanderthal en alemán), los científicos adscribieron a una imagen nublada por la visión del hombre salvaje de la mitología, quedando así en el imaginario popular como el bruto cavernícola.

Se sabe que cuidaban de sus enfermos, de los ancianos y que enterraban a sus muertos. Se sabe que estaban capacitados para el habla y que tenían una tecnología efectiva.

Las nuevas evidencias fósiles están devolviendo al Neandertal al camino de un digno ancestro del que uno puede estar orgulloso.

Reconstrucción de una niña neandertal.

Imágenes:

Primera: El neandertal de la Chapelle-aux-Saints dibujado por Frantisek Kupka, con indicaciones de Marcellin Boule.

Segunda: Realizada por Charles R. Knight.


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