lunes, enero 19, 2009

La caída del hombre de su pedestal

“…sólo él posee el don maravilloso del habla inteligible y racional y encumbrado por ello, como en la cima de una montaña desde donde divisa el nivel de sus humildes compañeros, transfigurado en su naturaleza y reflejado, aquí y allá, un rayo de la infinita fuente de veracidad”. Thomas Henry Huxley, Evidences as to  Man’s Place in Nature.

La mitología de la mayoría de los pueblos ubica al hombre como lo mejor de la creación, la perfección, todo el resto de la naturaleza, del universo gira en torno suyo y tiene la función de asistir en algo al hombre. El lugar del hombre en la naturaleza fue visto como el más importante, estaba en el tope de la pirámide en todos los sentidos. Pero cayó del pedestal, y hoy en día es visto hasta como un ser nocivo para el planeta. ¿Cómo fue que pasó de ser lo mejor de la creación, a ser uno de los peores entre los animales?

Nicolás Copérnico Hubo dos revoluciones que se encargaron de hacerlo caer. Una comenzó en 1543, y la otra en 1859.

Desde tiempos del griego Aristóteles se creía que la Tierra era el centro del universo, y en derredor de ella giraba todo, el sol, los planetas, las estrellas. Ptolomeo le agregó algunos cambios y “mejoras” al sistema hacia el siglo II, pero seguía siendo el mundo del hombre el centro de todo. Pero Nicolás Copérnico se encargó de destruir ese sistema y sentar las bases para llegar al conocimiento que tenemos hoy en día del universo.

En 1531 Copérnico terminó de escribir el libro De Revolutionibus Orbium Celestium (Sobre el movimiento de las esferas celestiales), que fue publicado recién luego de su muerte, en 1543.  Lo que hizo fue simple, quitó a la Tierra de su posición especial, y puso el centro de todo en el Sol. Ahora el planeta del hombre era uno más girando en torno al Sol. El hombre ya no era el centro de la creación, si bien siguió siendo la obra máxima de Dios.

Scala Naturae Según la filosofía natural de aquellos tiempos los humanos se encontraban bien arriba, justo un poco por debajo de los ángeles, en lo que se conocía como la Gran cadena del ser, o Scala naturae.

En épocas griegas se ordenaba a esta cadena de forma que el hombre era la criatura perfecta, y todas las demás se iban alejando de él, de acuerdo a su complejidad, como degradaciones del hombre.

Con el tiempo fue cambiando, pero se mantuvo el concepto de que el hombre era el organismo más complejo, y así se fue perfilando la idea de que todos los animales evolucionaban. Había que explicar la discontinuidad entre el mundo de las plantas y los animales, así como el vacío que existía entre los simios y los humanos.

Así llegamos a la segunda revolución que socavó los cimientos mismos del pedestal humano. Se trata de la publicación de El origen de las especies de Charles Darwin en 1859.

T H Huxley Pero Darwin se cuidó de hablar de los hombres en su libro, no los menciona para nada en relación a su teoría de la selección natural. Sería uno de sus amigos y el paladín de la evolución, Thomas H. Huxley quien tomaría la posta con su libro Evidencias sobre el lugar del hombre en la naturaleza, publicado en 1863.

Allí Huxley produjo la mayor revolución en la historia de la filosofía occidental, arrojó al hombre al suelo. Los humanos pasaron a ser considerados como parte de la naturaleza, no aparte de ella. Ya no tenían un lugar especial, pasaron a ser otro más entre los animales.

Huxley se basó en la comparación anatómica entre monos y humanos, en evidencias embriológicas y en el estudio de los fósiles. Fue también él quien dio a conocer por primera vez la idea de que el Homo sapiens había evolucionado a partir de algún antepasado simiesco.

Si bien Huxley consideraba que los humanos eran animales, lo eran de un tipo muy especial. Y quienes no pudieron dejar de aceptar que el hombre era uno del montón, comenzaron a buscar criterios anatómicos que lo separasen todo lo posible de los otros mamíferos.

Los descubrimientos fósiles que se han realizado desde aquellos tiempos hasta la fecha han demostrado que ni siquiera el Homo sapiens es tan especial, ya que han existido otras especies del género Homo tan inteligentes como nosotros, como los neandertales. Incluso hay otros animales que han logrado adaptarse a la perfección a sus hábitats utilizando la inteligencia, como los delfines o el kea.

Pero hoy en día el hombre es considerado un virus maligno para nuestro mundo y para el resto de las especies que lo habitan. Ya no se ubica sobre un pedestal, ahora está en el suelo, y es señalado como lo peor de la naturaleza.
Todos los demás seres vivos de nuestro mundo han logrado adaptarse a sus hábitats, potenciándolos, sin dañarlos. El hombre ha ido destruyendo todo lo que lo rodea para “progresar”. Nunca ha aceptado que es parte de la naturaleza y por ello no se preocupa por ella.

De derecha a izquierda Homo erectus, Homo neandethalensis, Homo sapiens

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