miércoles, febrero 11, 2009

Cánidos y homínidos, o del origen de la relación entre perros y humanos

Interesante artículo sobre los perros y los neandertales publicado en Público por José María Bermúdez de Castro, uno de los directores de Atapuerca:

Hace unos años, al estudiar la marcas de la superficie de los huesos fósiles de caballos, ciervos y otros herbívoros hallados en uno de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, los resultados nos llevaron a una conclusión a la vez curiosa e interesante.

La cueva donde se formó el yacimiento de Galería, muy próximo al conocido de la cueva de la Gran Dolina, se abría al exterior por un pozo de gran profundidad, que actuó a modo de trampa natural para muchos animales que pastaban por sus alrededores. Los humanos de hace 400.000 años conocían muy bien la existencia de esta trampa y tal vez la de alguna otra entrada a la cueva, que les podía proporcionar carne de tarde en tarde. La trampa también era conocida por los miembros de una especie de cánido muy parecido a los perros actuales.

Al excavar los diferentes niveles geológicos de este yacimiento nos encontramos con centenares de fósiles de los animales caídos en la trampa natural. Faltaban los huesos de las extremidades, que a buen seguro fueron transportados fuera de la cueva con su carne correspondiente por los humanos que merodeaban y vivían en la sierra de Atapuerca. Allí abandonaron muchos de sus útiles de piedra, quizás un estorbo para el transporte de las piezas y prueba de la existencia de materias primas para confeccionar esas herramientas.

Los fósiles de vértebras, costillas y cráneos de los animales mostraban en superficie las marcas del uso de esas herramientas para desmembrar las piezas cobradas. Superpuestas aparecías las dentelladas de los cánidos. En otras palabras, estos animales accedían con posterioridad a lo que los humanos dejaban abandonado. Dos especies de cazadores sociales, humanos y cánidos, compitiendo por los mismos alimentos. Pero los humanos de entonces (los antecesores de los neandertales) eran ya los reyes del ecosistema, situados en lo más alto de la pirámide ecológica. Los cánidos cazarían sus propias presas, pero cuando se trataba de acceder a las mismas piezas, los humanos eran los primeros.

Pensamos entonces sobre esa relación tan interesante de comensalismo entre humanos y cánidos, en la que nuestros antecesores tenían la preferencia del mejor bocado, mientras que los cánidos se conformaban con las sobras. Esta relación pudo ser el origen de lo que mucho más tarde se convertiría en una alianza indestructible entre dos especies sociales. La domesticación de los cánidos fue finalmente llevada a cabo por el Homo sapiens pero, como siempre argumento, esta hazaña pudo haber sido también obra de los neandertales, caso de que hubieran sido ellos y no nosotros los que acabamos por dominar el planeta.

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