viernes, enero 04, 2008

Cocinar la comida habría originado nuestro gran cerebro

Nuestros ancestros homínidos no podrían haber comido suficiente comida cruda para poder soportar su amplio cerebro hambriento de calorías, según Richard Wrangham. Según él el secreto de nuestra evolución es la comida cocinada, dice.

Richard Wrangham viene estudiando a los chimpancés de Uganda durante 20 años, y al analizar su dieta a fondo llegó a la conclusión de que ningún ser humano podría sobrevivir a semejante dieta. Ya que nos dejaría mal gusto, y nuestras mandíbulas son débiles para los frutos que ellos comen, nuestros dientes pequeños, y no podríamos procesar suficientes calorías de esos frutos para poder soportar nuestros cuerpos, y en especial nuestro gran cerebro.

Wrangham entonces comenzó a estudiar cuan grande sería la diferencia de la comida cocinada. Como sabemos la comida cocida es más fácil de digerir, se puede consumir más rápido y nos insume menos gasto de energía.

Nuestros intestinos son pequeños en comparación con los de un chimpancé, Wrangham cree que cuando comenzamos a consumir comidas cocidas nuestro intestino se fue achicando, y la energía destinada a semejante órgano se fue destinando a otros, y podría haber sido la chispa que nos llevó a un cerebro más grande, y a un cuerpo más grande también.

El uso del fuego controlado está datado en no más de 500 mil años en el registro arqueológico. La teoría de Wrangham requiere que su utilización para cocinar sea muchísimo antes en la evolución de los homínidos.

Según Wrangham el gran paso lo dio el Homo erectus, hace entre 1.6 y 1.9 millones de años, ya que en esta especie es en la que se evidencia un gran cambio en cuanto al tamaño del cerebro, y una reducción en el tamaño de los dientes.

Pero la mayoría de los paleoantropólogos creen que el desarrollo cerebral y la disminución del tamaño de los dientes no se debe a la comida cocinada, sino al aumento de productos animales ricos en energía, eso debido a la caza y al carroñeo.

Entonces Wrangham investigó entre grupos modernos de cazadores recolectores de todo el mundo y descubrió que ninguno comía toda su comida cruda. Las frutas y tubérculos crudos no proveen suficientes calorías para nuestro cuerpo.

Wrangham y colegas calcularon que el Homo erectus debe haber necesitado unos 5 kilogramos de vegetales crudos al día, o 3 kilos de vegetales y carne cruda, para conseguir las calorías suficientes para sobrevivir. Eso equivale a unas 6 horas de estar masticando por día para satisfacer las necesidades diarias de energía. Así que si se pasaban unas 4 o 5 horas al día consiguiendo comida, el resto lo debían pasar masticando.

Si la comida estuviese cocida les ahorraría mucho tiempo de masticado, ya que sería más sencillo de masticar, de digerir y deberían conseguir menos alimentos.

El problema es que no existen evidencias de control del fuego más allá de 500 mil años atrás. Pero Wrangham apunta a unas evidencias descubiertas hace poco en Koobi Fora, en Kenya, que presentan muestras de tierra quemada de hace 1.6 millones de años, que según parece contienen una mezcla de maderas quemadas, lo que podría indicar un propósito de quemarlas y no una casualidad.

Otros científicos, como Leslie C. Aiello, apuntan que no es la comida cocida lo que ayudó a desarrollar nuestro cerebro y cuerpo, sino la ingesta de tejidos ricos en calorías como el tuétano, el ceso y la materia cerebral de los animales.

Fuente: ScientificAmerican

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